SALUD

¿Qué pasaría si dejáramos de vacunarnos?

por Jimena D´Annunzio

Hace 97 años, el 1 de julio de 1921 dos inmunólogos franceses aplicaron la primera dosis de la vacuna BCG en el Hospital de la Charité de París y dieron así un paso fundamental para combatir la tuberculosis. Casi un siglo después, los calendarios de vacunación se ven en jaque por argumentos antivacunas que algunas potencias a nivel mundial se esfuerzan por penar. ¿Cuál es la situación en Argentina?

En Argentina, durante 2016, el 90% de los niños de entre 12 y 24 meses fueron vacunados contra el sarampión, mientras que el 92% de los niños de la misma edad se inmunizaron contra DPT (difteria, tétano y tos convulsa). Aunque a simple vista las cifras parecen altas, el país se ubica en el último lugar de la región, con respecto a sus limítrofes (Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay). 

Las cifras, que fueron obtenidas de la base de datos realizada por el Banco Mundial (BM) a partir de Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS), son del año 2016 y no sólo posicionan a Argentina en el último puesto sino que, además, marcan una baja respecto a los cinco años anteriores. En el período 2011-2015, los números promediaron un alcance del 95% de los niños en el caso de la vacuna contra el sarampión y el 94% en la del DTS.

En nuestro país, la vacuna contra el sarampión es obligatoria  a los 12 meses de edad, junto con la de la rubeóla, la paroditits y el meningococo C, según lo indica el calendario nacional de vacunación vigente. Luego, requiere de un refuerzo en el ingreso escolar y otro cada diez años desde la última vez que se aplicó.

Por su parte, la DPT es una vacuna contra tres bacterias: difteria, tétanos y pertusis, esta última causante de la tos convulsa, según cita el Centro de Salud Stamboulian en su información pública sobre vacunas. Siguiendo el calendario, nacional y obligatorio, se debe aplicar a los 2, 4 y 6 meses. Se trata de una vacuna que tiene a su vez componentes con Haemofilus influenzae tipo b y contra la hepatitis B. Luego se da un refuerzo de DPT a los 15-18 meses y una última dosis al ingreso escolar.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría, aseguraron que “la prevención es el acto de mayor impacto en la salud pública. Los programas de vacunación son una herramienta de equidad, porque llegan a todos los niños de distintos estratos sociales y son también un elemento de solidaridad, porque cuando un individuo se vacuna, reduce el riesgo para quienes interactúan con él”.

Según el Boletín Integrado de Vigilancia de la Dirección Nacional de Epidemiología y Análisis de la Situación de Salud, dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina se registraron, entre 2016 y 2017 tres casos de sarampión positivos y aún hay otros 47 en estudio.

“En la provincia de Tucumán se reportó un brote de sarampión importado con tres casos confirmados. El caso se contagió en Australia y regresó a Argentina durante su periodo de transmisibilidad, transmitió la enfermedad a un contacto laboral y a un familiar. Se realizaron acciones de bloqueo vacunal e investigación”, explica el mismo informe.

“Gracias a la vacunación, en Argentina no se registran casos endémicos de sarampión desde el año 2000”, sostiene el último reporte del Ministerio de Salud. Al tiempo que remarca que para mantenerlo es necesario “un sistema de vigilancia epidemiológica capaz de detectar e investigar todos los casos sospechosos, incluidos los importados, y la realización de actividades que eviten o limiten la trasmisión”.

La prevención mediante la vacunación es el acto de mayor impacto en salud pública, según el Ministerio de Salud.

¿Para qué sirve vacunarnos?

“De acuerdo a las incidencias de las enfermedades, cada país realiza sus campañas de vacunación, más allá del calendario obligatorio”, explicó la médica pediatra Mariana Castagnino.

En Argentina, en agosto de 2014 se lanzó una campaña de vacunación masiva contra el sarampión, la rubeola y la poliomelitis. Esto significó que entre el 1 de septiembre y el 31 de octubre de dicho año, todos los niños de 1 a 4 años estuvieron obligados a recibir una dosis extra de la vacuna doble viral, que los protege contra el sarampión y la rubéola, y una dosis extra de Sabin contra la poliomielitis, independientemente de que hayan recibido estas vacunas con anterioridad.

El dato coincide con un hecho que no fue menor. En el mismo año, después del Mundial de fútbol que se disputó en Brasil y finalizó a principios de julio, aparecieron en Argentina casos de sarampión. “En Argentina surgieron estos cuadros después de los dos mundiales de fútbol, tanto el de 2010 en Sudáfrica como el de 2014 en Brasil”, aportó la especialista.

Tanto en el 2011, una vez finalizado el Mundial de Sudáfrica 2010, como en el 2014, tras el campeonato de Brasil, las campañas lograron que se registre, según los números del Banco Mundial, el porcentaje más alto de niños inoculados contra esa enfermedad.

“Las campañas de vacunación las decide cada país conforme a lo que consideren que se haga. Si se considera que es necesaria una campaña de vacunación cada dos años o incluso cada año, se hace”, agregó Castagnino. Este fue el caso de Bolivia, que viene realizando campañas de vacunación cada año desde 2013 y logró que el 99% de sus niños se encuentre protegido.

Cada país puede decidir su calendario de vacunación conforme a lo que consideren necesario.

¿Qué sostiene la tendencia anti-vacuna?

“Hay padres que no desean vacunar a sus hijos y no lo hacen aunque uno se lo indique. La vacunación en Argentina es obligatoria, por lo cual antes del año de vida y antes del ingreso escolar, los niños deben ser vacunados. Pero siempre hay padres que no lo quieren”, dijo la pediatra Castagnino.

La polémica por la obligatoriedad o no de las vacunas fue reinstalada en 2017, en coincidencia con el menor índice de vacunación infantil del país, con un proyecto de ley que presentó la diputada de Unión PRO por la provincia de Buenos Aires, Paula Urroz, con el objetivo de eliminar la obligatoriedad de la vacunación, a tono con los movimientos que están surgiendo en Europa y Estados Unidos.

La propuesta busca que “las personas que sean pasibles de vacunación obligatoria u opcional y quienes sean responsables por la vacuna que reciba un menor a su cargo deberán recibir previamente una información fehaciente acerca de los riesgos que la inoculación de la vacuna en cuestión implica, posibilitando la aceptación o no aceptación de ese acto médico”, según establece el proyecto.

Aunque el paquete legal no llegó a discutirse, la comunidad médica estalló. También las autoridades, encabezadas por quien era en ese momento la ministra de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Zulma Ortiz, quien desde su cuenta de Twitter rechazó la iniciativa: “Según UNICEF las vacunas salvan la vida de 2 a 3 millones de niños por año. Ser vacunado o no puede marcar la diferencia entre vida y muerte”, escribió la funcionaria y sentenció: “el resultado de la indecisión es aumentar innecesariamente el periodo de exposición al riesgo de contraer una enfermedad prevenible.

En el mundo, los límites han sido más firmes. En Australia, por ejemplo, un reciente paquete legislativo determinó que se les quitará beneficios impositivos a aquellos padres que no vacunen a sus hijos. También se multará (de la misma forma que sucede en Italia) a los jardines e instituciones educativas que acepten chicos no vacunados.

La rigurosidad de las medidas, sostienen, tiene que ver con que no se trata tanto de una cuestión personal como un tema de salud pública. Y cuanta razón tienen.