Noticias falsas en Facebook

Mentime que me gusta o dame like que te miento

por Jimena D´Annunzio

El desafío de informar en tiempos de innovación acelerada, escasa regulación y privacidad desvirtuada. 

Una vez al año los reconocidos Diccionarios Oxford seleccionan entre los 4500 millones de vocablos que son utilizados para el habla y la escritura, el que más uso tuvo en ese período para ser destacado como la palabra del año. En 2017, el galardón lo obtuvo el término fake news, expresión que en español se traduce como “noticias falsas”. Según los expertos, su pronunciación o escritura aumentó en un 365%.

Sobre el origen de las fake news hay diferentes teorías. Un artículo de la revista Forbes sostiene que es tan antiguo como las noticias. “Si miramos el Google NGrams Viewer, que rastrea la popularidad de las palabras y frases en los libros publicados en los últimos 200 años, vemos que la frase literal noticias falsas despegó al comienzo de la Primera Guerra Mundial y alcanzó su punto máximo en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, probablemente reflejando el aumento de la investigación de propaganda y el impacto que la información falsa podría tener en las sociedades”, sostiene la publicación.

Sin embargo, no fue hablando de la guerra que el término se volvió el más nombrado del año pasado, sino gracias a dos personajes relevantes del mundo tecnológico y político: Mark Zuckerberg-CEO de Facebook- y Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Donald Trump y Marck Zuckerberg, fueron los responsables de que fake news sea “la palabra del año” en 2017.

Google Trends, la herramienta que indica qué es lo que la gente busca en Google en tiempo real, sirvió como puntapié para marcar la fecha exacta de la masividad del término. Fue el día que el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo en la conferencia Techonomy lo siguiente: “Personalmente creo que la idea de que las noticias falsas en Facebook, de las cuales es una cantidad muy pequeña del contenido, influyó en las elecciones de cualquier manera es una idea bastante loca. Creo que hay una cierta falta profunda de empatía al afirmar que la única razón por la que alguien podría haber votado como lo hicieron es que vieron algunas noticias falsas“.

Esta frase la usó para desmentir categóricamente que una de las razones del triunfo electoral de Donald Trump haya sido la circulación de noticias falsas en la red social. Sin embargo, apenas unos meses más tarde, el escándalo de Cambridge Analityca llegaría para reafirmarlo todo.

Durante los primeros meses de 2018, el mundo entero puso los ojos en Facebook y en su CEO por el uso indebido de datos de 87 millones de usuarios, información que habría manipulado las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016.

Fue la revista Wired, una de las publicaciones de tecnología más relevantes de Estados Unidos, la que llevó adelante una investigación en la que entrevistó a 51 empleados y exempleados de Facebook para entender cómo la red social logró manipular la forma de mostrar las noticias que los usuarios recibían en sus muros y no frenó las fake news, colaborando al triunfo de Donald Trump.

Sobre el origen de las fake news hay diferentes teorías. Un artículo de la revista Forbes sostiene que es tan antiguo como las noticias (Twitter).

A pesar de haber surgido como una plataforma familiar o de amistad, Facebook fue transformándose en un centro de información para la mayoría de los usuarios y en una herramienta fundamental para las empresas de medios. El principal problema es que la plataforma no distinguía entre una noticia de un medio serio y reconocido, de una nota en broma o, peor aún, de noticias falsas que muchas veces son las que más reacciones generan.

Aunque en un principio existía un grupo de periodistas trabajando dentro de la empresa para distinguir contenidos, poco tiempo después fueron reemplazados por algoritmos encargados de seleccionar los contenidos que pueden llegar a interesar por sobre otros. Y ese fue el comienzo del fin.

¿Cómo surgen las fake news?

Más que teorías, hay hechos que pueden explicar el surgimiento de ‘fake news’. El académico Yokai Benkler en su artículo La riqueza de las redes: cómo la producción social transforma los mercados y la libertad,  sostuvo que: “La economía de la información en red permitió que los requisitos para la producción y comunicación efectivas de la información estén en manos de un número de individuos mayor a la cantidad de poseedores de los medios básicos de producción e intercambio de información; que el individuo pueda llegar a millones de personas de todo el mundo sin necesidad de poner dinero gracias a la red (búsqueda en Google); y la producción entre iguales de información, conocimiento y cultura mediante el software libre y el código abierto”.

Nada de ello sería perjudicial, si en el medio no se perdieran como ocurre muchas veces, algunos pilares básicos de chequeo de información. “Generar una web con la apariencia de un medio de comunicación nunca ha sido más fácil, ya sea para hacer periodismo, para tratar de influir ideológicamente en la sociedad o para hacer caja”, sostuvo el periodista español Miguel Ángel Uriondo, redactor jefe del sitio El Español.com en su artículo Por qué el origen de las ‘fake news’ beneficia a la democracia.

Desde el lado de quienes producen la información también puede plantearse un segundo motivo de aparición de las fake news, a través de la generalización de la publicidad y de las campañas que se realizan en función del llamado CPM, es decir, el costo por cada mil impresiones.

Los medios de comunicación online venden su publicidad- y generan sus casi únicas ganancias- en torno a ello. Esto provoca una dependencia respecto al número de páginas vistas que generan. A veces, conseguir más tráfico, atraer más clicks y lograr ponerse por delante de la competencia genera una velocidad que puede volverse incompatible con la veracidad.

Si bien hasta ahora se mencionaron las variables que pueden hacer más viable la creación de contenido periodístico falso (y cómo se logró hacer en la realidad), aún resta analizar la otra cara del fenómeno: los lectores.

Un estudio reciente que publicó la revista Forbes confirmó que el 59% de todos los enlaces compartidos en las redes sociales en realidad no reciben ningún tipo de clic, lo que implica que la mayoría de los artículos compartidos no se basan en la lectura real. “Las personas comparten artículos sin pasar de los titulares. Entonces, ¿por qué es este el caso? ¿No se supone que el cuerpo de un artículo es la parte más importante? ¿Qué significa esto para los mercadólogos de contenido? ¿Y qué significa esto para nuestra sociedad?”, plantea el estudio.

“Dado que los usuarios no prestan tanta atención al contenido interno, la fuerza y la popularidad de una pieza a veces se reduce a la fuerza de su título. En un artículo leído, los titulares son uno de los contribuyentes más poderosos para el rendimiento, y en un artículo no leído, es el único que contribuye al rendimiento. Como resultado, los titulares se han convertido casi como artículos en sí mismos”, sentencia.

Aunque Facebook se empeñe en mostrarse como una simple plataforma que es utilizada por las empresas de medios, su CEO tuvo que dar explicaciones ante el Capitolio. (AFP)

Internet vs Internet

Para pelear contra sus propios demonios, las plataformas que acercan las noticias han desarrollado herramientas contra “el mal de las fake-news”.

Actualmente, al hacer una búsqueda en Google es fácil identificar si los resultados que se muestran son o no “fake-news”. Desde febrero de 2017, un sello de Google Noticias indica al usuario la información que ha sido verificada por organizaciones independientes como Chequeado, de Argentina; ChecaDatosMx y El Sabueso, de México; o Agência Lupa, Aos Fatos y Agência Pública, de Brasil.

Por su parte, y según cita un artículo del diario El Mundo a Jimmy Wales, “el fundador de Wikipedia, le molesta especialmente que la gente tome decisiones basadas en mentiras e informaciones falsas. Por eso ha decidido crear Wikitribune, para trasladar el modelo Wikipedia al periodismo”.

“Tenemos que desarrollar un modelo para que los medios no dependa exclusivamente de la publicidad online y de la tiranía del click”. En este sentido, “Wikitribune no tendrá accionistas, anunciantes o subscritores, sino “seguidores” que pagarán entre 12 y 17 euros al mes, y a cambio podrán participar en la toma de decisiones sobre qué temas deberá cubrir la plataforma. Los periodistas, por su parte, trabajarán bajo los principios de transparencia total, facilitarán el contenido íntegro de sus grabaciones y accederán a sus artículos pasen por un proceso de community checking y rechecking”, con la participación de voluntarios que comprobarán (y recomprobarán) los datos”, agrega el artículo.

Ahora bien, aunque Facebook se empeñe en mostrarse como una simple plataforma que es utilizada por las empresas de medios (y otros actores) para llevar adelante sus intereses tiene, sin dudas, las mismas responsabilidades que las compañías mediáticas. Entre sus principales objetivos actuales se destaca lograr que los usuarios no huyan escandalizados de la red social y, más que nunca, preocuparse por la verdad. Entonces, ¿es Facebook una simple plataforma? Parece que el escándalo lo está obligando a cambiar de rubro.