La salamanca de Villa Tulumba

por Agustina Devincenzi

A 140 kilómetros de la Ciudad de Córdoba se encuentra esta localidad famosa por su historia y su patrimonio arquitectónico que embelesa a los visitantes. Pero también por sus dos salamancas, de difícil acceso y lúgubres, en las que ocurrirían episodios de oscurantismo.

Mirá el capítulo Tulumba de Historias y leyendas de los pueblos de Argentina

Villa Tulumba es una pequeña localidad situada al norte de Córdoba, a 140 kilómetros de la capital provincial. Sus tranquilas y pintorescas calles adoquinadas aún conservan un aire colonial. Con joyas arquitectónicas que datan de 1800, acoge un valioso patrimonio y conserva intacto su casco histórico.

Las cuatro esquinas en Villa Tulumba, Córdoba.

Sus fachadas, sus farolas antiguas, “Las cuatro esquinas” −la manzana donde confluyen las calles más importantes, que inspiraron a varios artistas−, y la casa de los Reynafé −que contiene los restos de los hermanos acusados de planificar el asesinato del caudillo Facundo Quiroga− son algunos de los imperdibles. 

La casa de los Reynafé en Villa Tulumba, Córdoba.

También lo son la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario −donde Fray Mamerto Esquiú comenzó a dar sus primeras prédicas y donde se hallan las imágenes de Cristo y la Virgen con cabello natural− y el hogar del sacerdote Hernán Benítez −confesor de Eva Perón−, paradas imprescindibles en este pueblo de 2.000 habitantes que transporta a los visitantes al pasado. Quien se deja seducir por su encanto, se pierde en un túnel del tiempo.

Figura en la iglesia del Rosario de Villa Tulumba, Córdoba.

Los turistas que llegan a Villa Tulumba no solo lo hacen con la intención de aprender su historia y sumergirse en su embeleso. Intrigados por los misterios que guarda este sitio, se dirigen a las afueras del centro para conocer una añeja creencia popular, que desde hace años se transmite de generación en generación, de boca en boca. Se trata de dos salamancas, una localizada cerca de la zona poblada y otra ya en pleno monte.

 Según cuenta la leyenda, a estas cuevas asisten quienes buscan realizar un pacto con Satanás para aprender a tocar un instrumento musical o cumplir otro deseo. Dicen que allí se reúnen brujas y magos para realizar hechizos maléficos y conjuros.

Atraído por la misma motivación, el equipo de Vía País viajó a la villa en el marco del proyecto Historias y Leyendas de los pueblos de Argentina, una iniciativa que cuenta con el apoyo de Facebook y el International Center for Journalists (ICFJ), y busca descubrir y difundir historias populares de distintas regiones del país.

El misterio de las cavernas

La zona conocida como La Ermita aloja a una de las dos supuestas cuevas. Acceder a él no es sencillo: el monte se halla oculto y sus aparentes signos de abandono hacen del lugar solitario un ambiente hostil. Los restos de plásticos y botellas quemadas que se encuentran a lo largo del camino, sumado a otros obstáculos, hablan de que aunque difícil no es un lugar deshabitado.

Villa Tulumba, Córdoba.

Ismelda Bustamante, más conocida como “Nenina”, fue la primera maestra jardinera de Villa Tulumba y vivió toda su vida en el mismo barrio. Con el paso de los años, recopiló las anécdotas que le contaron y que alguna vez escuchó, y las publicó en un libro que dejará como legado, principalmente, a sus nietos. Sobre la salamanca, explica: “Es un lugar donde se cree que reside el diablo y al que van quienes quieren aprender a tocar un instrumento o desean hacer música. El mito no es exclusivo de esta localidad. Es regional, se lo conoce en todo el norte (del país)”, explica.

Por su parte, “Tito” , un baqueno de la zona afirma que, como parte del trato, se debe ofrecer algo a cambio. “Hay gente que asegura que Satanás pide como retribución la vida de un ser querido, de alguien cercano al que se le tenga mucho cariño, como por ejemplo un familiar”, señala.

Lo pobladores de la zona cuentan la historia de la salamanca de Villa Tulumba.

La otra salamanca está ubicada a poco más de cinco kilómetros de la primera, en el paraje La Cuesta, en un punto más elevado y a 10 kilómetros del centro histórico. Ingresar a ella es incluso más difícil que hacerlo en la anterior. Este escondite goza de una fama mayor, ya que sería el lugar al que el compositor Carlos Di Fulvio le dedica parte de una zamba.

José Alberto, apodado “José De la Piedra”, es otro escritor que habita Tulumba. De acuerdo a él, se llega únicamente a pie a las cuevas −de gran altura y abarrotadas de murciélagos−, lo que implica una caminata tortuosa. “No soy historiador, pero saco mis propias conclusiones”, repite, mientras aclara que el misterio de las salamancas no es el único de la zona y relata otras historias que hicieron a Tulumba el pueblo que es hoy.

Villa Tulumba, Córdoba.

En ronda de mates con otros pobladores aparecen nuevas historias: desde luces que persiguen a los autos en caminos rurales y que luego desaparecen para dar lugar a animales negros (como gatos, perros y zorrinos) hasta milagrosas curaciones por parte de un sabio que ya partió de este mundo.

Villa Tulumba, Córdoba.