Marisa Mota, obstetra en el hospital Lucio Molas, contó en sus redes sociales su historia personal que se entrecruza con la de la Guerra de Malvinas. En 1982, ella mandó una carta de aliento y contención al "soldado desconocido". De allí derivó correspondencia con un marino, el cabo segundo Ramón Osvaldo Rallo, quien entonces estaba apostado en las islas. Esa misiva la guardó en forma reverencial. Tras el conflicto se conocieron y surgió una amistad, que los caminos de la vida se encargaron de desandar.

Hace algún tiempo sintió la necesidad de contactarse con él, con la ayuda de su familia, inició una profunda búsqueda. A fines de agosto le iban a cumplir un sueño: reencontrarse telefónicamente con él en el programa de radio "Malvinas, un sentimiento pampeano". Pero recibió la amarga noticia de que el marino había fallecido en 2014.

"Fue muy triste, muy difícil. Es cerrar una historia muy personal, pero es abrir mi carta para la historia argentina. Es parte de la historia de nuestro país, el único momento en que todos los argentinos nos unimos bajo la misma bandera y con sentimiento patriótico, ése que parece que no tuvimos ni tenemos más", cuenta en sus redes sociales.

Marisa Mota y su carta a un soldado de Malvinas

"Siento que esta carta ya no me pertenece, la donaré en homenaje a vos Osvaldo Rallo, y a todos los ex combatientes de Malvinas, al museo de mi provincia, La Pampa. Creo que le pertenece a la historia, a nuestra historia", relata con dolor.

Y cuenta su historia con nostalgia y cariño. En el año 1982 y Marisa estaba estudiando en La Plata. Vivía en Berisso. Compañeras y amigas tenían novios, hermanos y amigos en las islas y el tema era prioritario. "En la facultad una compañera difundió la dirección a donde escribir: 'Soldado clase 62, Islas Malvinas Argentinas'. Y yo mandé una", reveló.

"El me contestó el 22 de mayo. Recuerdo que me pidió que continuara escribiendo, así fue que le envié otra carta con una foto que me pedía, pero poco después terminó la guerra, y nunca le llegó. Yo tenía 20 años, él 22, era cabo segundo", rememoró.

"Osvaldo me contó que en el momento de la ranchada traían las cartas y agarraban las que querían. El sacó solo una y era la mía, y la contestó. Yo le conté que era de Macachín, La Pampa, y él que era mendocino. Me dijo que tenía un amigo en Bernasconi, Mario Bergondi, también ex combatiente".

Marisa contó que tras el fin de la guerra, ella inició una búsqueda para saber su paradero. "Supe por la Armada que volvió y dejé mis datos en el Liceo Almirante Brown. El vino adonde yo vivía un día que no estaba; pero me dejó información de días y horarios en que lo podía llamar", relató.

«Lo llamé y nos encontramos en la estación de tren de La Plata. Nos dijimos como íbamos a ir vestidos y finalmente nos conocimos personalmente. Aquella vez me regaló una moneda de Malvinas, que no sé cómo perdí. También una bufanda, que siempre en mi familia fue 'la bufanda del chico de Malvinas', y que conservo. Y yo le regalé la medallita de nacimiento, regalo de mi madrina, todo muy romántico», amplió.

"Solo nos vimos dos veces más. Una vez, en que vino a la casa donde vivía en Berisso, y otra en que nos vimos un día antes de que yo volviera a La Pampa tras rendir mi última materia, fue en noviembre de 1982. Luego él se embarcó en el ARA Bahía Paraíso y por algún tiempo nos escribimos, después perdí el contacto. Eran otros tiempos, sin tecnología", se lamentó.

"Sinceramente me hubiera encantado volver a saber de él, poder charlar, pero el destino no lo permitió. Solo me resta, en medio de muchos sentimientos y emoción, decirte ¡Gracias soldado de mi patria: Osvaldo Rallo!", concluyó.

Rallo fue uno de los primeros en desembarcar en Malvinas. Era de la sección marinería que se acantonó en el Apostadero Naval. Desde allí llevaron adelante una titánica tarea de logística. En 2018 el Congreso de la Nación reconoció, aunque tardíamente, esta gestión.

La carta la escribió el 22 de mayo de 1982 en su lugar de lucha, una fría y húmeda trinchera de piedra y turba cercana al Apostadero Naval Puerto Argentino.

Eran días muy difíciles para ellos. Era el momento de mayor tensión en las islas. Pura presión, pura incertidumbre, pero el joven soldado tenía "muy alto el espíritu", como se dice en la jerga castrense. "Decíle a tus compañeros y amigos que no teman, que las Malvinas fueron, son y seguirán siendo argentinas mientras un soldado de la patria resida en ellas. Como argentino estoy orgulloso de estar acá representando a nuestro país para defender nuestra soberanía, y vamos a luchar por estas islas que siempre nos correspondieron", dijo en el texto que enviara como respuesta.

Esa carta tuvo la intención brindar apoyo a esos soldados argentinos en nuestras Malvinas. Marisa, además de las palabras de aliento, incluyó el poema Piú Avanti, de Almafuerte, que expresa: «No te des por vencido, ni aun vencido, no te sientas esclavo, ni aún esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido».

Por su parte Rallo, en su respuesta, le envió de regalo una estampita, uno de los pocos bienes que poseía. El marino explicó su gesto posdateando la carta. "Encontré en un lugar de mi bolsa una estampita. Es para que me tengas presente. Esta es la estampita que llevará por buen camino nuestra amistad", escribió.

Es una imagen religiosa que Marisa conservará de por vida. "Voy a donar la carta porque representa lo que sentían los soldados, y lo que sentía el pueblo argentino en ese momento tan grave de nuestra historia, pero conservaré la estampita de la Virgen de la Guarda porque, como él me dijo, custodiará por siempre nuestra amistad", expresó.