En su presente ganador y millonario, el momento de Cristian Romero como nueva figura del Tottenham inglés por una cifra que lo coloca entre los top five de las transferencias del fútbol argentino, torna muy lejana la maduración acelerada, y por ende con sacrificios, en Belgrano.

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La imagen colectiva es la del Cuti debutando en Primera con la Celeste y a los 18 años, frente a Independiente y contra delanteros de cartel como Germán el Tanque Denis; y con el mismo aplomo y solvencia que puso en cancha al hacer su presentación en la Selección que sería campeona de la Copa América.

Ese promisorio primer paso pareció afirmarse en la disputa de su primer torneo internacional, la Copa Sudamericana con Belgrano. Y se destacó en el triunfo histórico en Curitiba, más allá de cometer un penal infantil. Ya en la revancha en el Kempes la responsabilidad en uno de los goles de la victoria brasilera y eliminación Celeste, cayó en sus espaldas.

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Ese sueño frustrado para el Pirata lo golpeó en lo personal. Y pese a que por sus condiciones lo convocaron al Seleccionado Sub-20, perdió lugar en Belgrano. Jugó poco (16 partidos en dos temporadas) y por debajo de su nivel.

Aún así en 2018 fue transferido al Genoa en dos millones de dólares. No se fue de Belgrano como esperaba, y dejó heridas abiertas. “Algunos decían que antes del año me volvía”, supo recordar con amargura. Esa cicatrización también templó su carácter.

Y con la personalidad y condiciones innatas, más el fogueo de haber probado en poco tiempo los distintos sabores que depara el fútbol, se explosión en Europa fue total. Comprado por la Juventus, que debe arrepentirse de no haberlo utilizado, puntal del Atlanta como el mejor defensor del Calcio, y además campeón de América.

“Valora lo que tienes y supera lo que duele”, escribió el Cuti en su cuenta en Twitter. Superó muchos obstáculos y con 23 años es récord. Y no tiene techo.