En un contexto de tratamiento por adicciones, la voluntad del paciente y el rol de la familia y sus seres queridos, son elementos fundamentales para un camino de recuperación. Respecto a esto, Vía Córdoba habló con el doctor Darío Gigena Parker, representante de la Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones, para saber cómo deben actuar ambos agentes sociales.

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¿Cuándo se trata de una adicción?

La persona que sufre este problema muchas veces tiene negación y se le dificulta darse cuenta que está teniendo problemas. Por ejemplo, de las consecuencias que le trae el consumo, porque puede atribuírselo a otras cosas. Eso hace que sea mucho más difícil el abordaje de una adicción.

La persona está en una etapa pre-contemplativa, acá es útil probablemente el trabajo de otras instancias de la sociedad no especializada que pueda saber el diagnóstico. Es el caso de las familias quienes están en más condiciones de darse cuenta que su ser querido está con un problema.

¿Cómo alertarnos de que algún familiar es adicto?

Como criterio diagnóstico, las personas que tienen insomnio, problemas para dormir y la necesidad de consumir tienen problemas con las drogas lícitas o ilícitas. Después están los trastornos por pánico que se convierten en trastornos de ansiedad crónicos que pueden ser impulsados por el consumo de cocaína y con consecuencias en la salud mental, que no las tendría si no consumiera.

O también, la falta de estructura, pérdida de la motivación, depresión o abandono de actividades. Esa persona que deja de hacer las cosas que antes hacía para recrearse: ya no le interesa juntarse con los amigos, hacer deportes, actividades culturales; y utiliza el tiempo para dedicarle al consumo. Otra, es la pérdida del control. Tal vez se propone que no va a tomar el fin de semana y lo hace o se proponen comprar de más para guardar y después no se aguantan y se lo toman.

Hay dos elementos que son indicadores claves que indican dependencia: una es la tolerancia, donde la persona necesita consumir mayor cantidad para lograr el mismo efecto que antes porque el cuerpo ya se va acostumbrando o que la misma cantidad ya no le hace efecto. Y el síndrome de abstinencia, donde empiezan a aparecer síntomas ante la falta de consumo.

  • En el caso del alcohol, pueden ser: temblores, muchas ganas de consumir, ansiedad, insomnio, irritabilidad, aumento de la tensión arterial.
  • En el caso de la cocaína, pueden ser: ansiedad, mucho cansancio, falta de motivación y placer y ganas de consumir. Indistinguible con una depresión.
  • En cuanto a los opiáceos, genera insomnios, desasosiego, calambres musculares, desesperación.

Pero, las consecuencias en general son: accidentes de autos, problemas de salud, problemas en la familia, violencia, falta de rendimiento en el trabajo o escuela, ausencias, falta de interés.

Tratamientos y programas

Ante estas situaciones, la provincia ofrece diferentes tratamientos y programas para que los pacientes con consumo problemático, puedan recuperarse. Los mismos son gratuitos y con la posibilidad de realizar consultas de forma remota.

¿Cuáles son los pasos del tratamiento de un paciente?

  1. Primer contacto del paciente con el sistema RAAC.
  2. Se asigna un turno virtual o presencial. En el caso que la persona tenga turno presencial y no asista, el profesional lo llama de igual manera, y la consulta se hace de forma virtual.
  3. En este primer turno, se escucha la demanda y se direcciona al profesional que corresponda. Los tipos de terapias dependerán de la necesidad de los pacientes y de los diagnósticos que realicen los especialistas.

¿Qué rol cumple la familia en este proceso?

Muchas veces la familia acompaña a la persona que entró en contacto, pero lo deja entrar solo. Así era tradicionalmente. Nosotros los invitamos a sumarse y no es fácil, porque a veces la familia se resiste porque está cansada o piensa que no tiene nada que ver o que no puede aportar nada. En otros casos, el evaluador considera que la familia no contribuye de manera positiva al tratamiento del paciente.

Los programas de familia siempre son separados del tratamiento del paciente para no interferir con la intimidad del espacio de la persona y la alianza terapéutica. Pero a veces, se mezclan las cosas deseablemente, por ejemplo: el profesional llama al paciente, lo atiende la madre y le cuenta y ahí se genera una instancia de charla. Hay protocolos para manejar estas situaciones, además se alienta al familiar a concurrir a los grupos de familia, incluso cuando el paciente no quiere asistir al tratamiento.

Nosotros alentamos que la familia venga y participe del tratamiento, aunque su hija o hijo esté en consumo o no quiera realizar el tratamiento. Pueden hacer todo el programa familiar sin necesidad de que venga el ser querido, y avanzar ellos en esta terapia.

Sus programas de Comunidades Terapéuticas alojan a pacientes para su recuperación. Sin embargo, no se cae en la institucionalización del paciente, ¿cierto?

Eso es un riesgo que hay que trabajar para que no pase. De igual manera, es algo que está prohibido por la ley de salud de mental de Córdoba que considera a la comunidad terapéutica como un dispositivo alternativo al hospital psiquiátrico monovalente. Esto es un dispositivo de reinserción social.

Nosotros hacemos gala de eso, porque la gente hace actividades ahí, se trabaja duro con la familia para la salud. De hecho, tenemos pacientes internados con un tiempo promedio de 84 días y no más que eso.

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Incluso, a las Comunidades Terapéuticas sólo se dirigen pacientes derivados de los centros de la RAAC, porque debemos tener un centro que lo pueda seguir luego del alta. Tenemos que garantizar que siga el tratamiento porque no es una cura la comunidad terapéutica, la recuperación está en el afuera, en el cambio de estilo de vida, en el compromiso con el proceso y en el sostenimiento de los cambios que se iniciaron ahí.