No es la única, tampoco es la primera ni será la última, pero Yamila Palavecino representa otra de las historias que salieron a la luz por los incendios que se desataron en Córdoba y que hicieron arder las sierras en las últimas semanas. Justamente ella es una bombera voluntaria que no conoce límites.

Los focos en distintos puntos de la provincia tomaron mayor relevancia el sábado pasado cuando llegaban imágenes de las impresionantes llamas que azotaban la zona de Copacabana. Pero pocos saben que los bomberos venían trabajando desde hace por lo menos un mes en distintos focos.

"Desde el jueves o viernes pasado que estoy con una actividad muy intensa. El viernes y sábado estuve en Copacabana, el domingo me tocó en Cosquín, venía dos o tres horas a mi casa, me bañaba, me cambiaba y volvía. Habían tantos bomberos repartidos que no teníamos un apoyo como en el resto de los incendios y teníamos que defenderlos", le cuenta con orgullo a Vía Córdoba.

En pleno combate del fuego.

Esta joven bombera de 31 años ya acumula siete de experiencia como voluntaria. Le ha tocado estar en todo tipo de incendios en los que ha trabajado durante una hora, ocho, diez o hasta doce. "En Cosquín debo haber empezado a las 14 y recién volví a las 22", comenta la mujer de La Calera.

Ella trabaja de lunes a sábados de 13 a 19 en el cuartel "para tener personal asegurado" y al menos una vez al mes está de guardia. También se dedica a la costura, pero la cuarentena por la pandemia por coronavirus le impide ir a comprar las telas, por lo que se la tiene que arreglar con el dinero que le entrega la Provincia como voluntaria.

Dedicación, trabajo duro y experiencias reveladoras

Al momento de las consultas previas con diferentes bomberos que trabajaron en los incendios había un nombre que se repetía y que se destacaba, era justamente el de Yamila. La describían de una manera muy especial y destacaban, sobre todo, la entrega y dedicación.

Pero esa misma entrega la llevó a que en algunas ocasiones "la reten" o en realidad la lleven a tomar conciencia. "Siempre me dicen lo mismo 'vos vas y das todo. No está mal, pero cuando llegues a los 40 vas a estar destruída'. Me es inevitable, la verdad. Le estoy dedicando mi vida a esto, dejé muchas cosas de lado porque quise y le di prioridad al cuartel, si no lo das todo en lo que haces no tiene mucho sentido", comenta casi como una lección de vida.

Yanina Palavecino, la bombero que no conoce límites.

Y si de lecciones de vida hablamos, un día quedó gravado en su memoria y le dejó una fuerte enseñanza. "Cuando tuve que sacar a mi primer muerto me impactó, estuve tres dias de duelo. Ahí te cae la ficha de que hoy estamos y mañana no. Tener que sacar a un cuerpo que te lo podrías haber cruzado en la calle, ver llorar a los familiares. Me pasé tres días llorando y me dijeron que era normal. Ahí te das cuenta de muchas cosas", resalta.

Pero no fue el único ya que en su primer año como bombera vivió otra fuerte experiencia en Carlos Paz. "Era chica, era un incendio de gran magnitud y pasó por el lado de un barrio entre montañas, a las 19 se dio vuelta y volvió a las casas. Me impactó el grito de la gente y la desesperación, se llenó todo de humo. Había gente gritando: 'me falta mi hijo'. Creo que el impacto fue porque era chica y por la situación, creo que fue por las dos", expresa Yanina.

Eso sin dudas también la lleva a dejarlo todo en cada incendio que le toca sofocar, pero hay un factor extra que también suma en estos episodios y de la que ella no es exclusiva propietaria: el miedo. "Miente el que dice que no tiene miedo. Cuando conocés los riesgos te vas haciendo más conciente de lo que puede pasar", admite.

Y se explaya: "A mí me tienen que cachetear para ir al médico, muchas veces me expuse a situaciones porque voy y no me puedo quedar sin hacer nada aunque no me de el cuerpo. Uno cuando es joven es mas impulsivo".

A eso se le suma que Yanina no está sola, hay dos pequeños que la esperan en casa cada vez que ella sale al cuartel: su hijo y su hija. "Los últimos años tuve más miedo porque soy madre. Cada vez que salgo ellos me saludan como que nos vamos a volver a ver y por ahí no vuelvo a horario y no sabés qué puede pasar cuando salís", comenta.

Sentimientos al por mayor

Pero una vez que está en el lugar de los hechos se olvida de todo, "entrás como en otro mundo", indica. Y en ese mundo en el que entra aparece una hermandad que también le da una fuerza extra: "Por momentos me pasa que me doy vuelta, veo a mis compañeros y no me siento sola, sé que están y no me van a dejar y voy a dar hasta lo último para ayudarlos a ellos. Te sentís como que estamos todos en la misma. Ahí te olvidas de todo, estamos acá y lo tenemos que terminar, no nos podemos ir y dejarlo".

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Pero entre tantos sentimientos que despierta este trabajo, en algún momento asoma la bronca. "Muchas veces se sabe quién inicia el fuego, siempre en la misma zona. Te da mucha bronca porque parece que se te ríen en la cara. Uno de los días empezamos un trabajo a las 16, terminamos a las 2 de la mañana y encendieron otro foco al lado", ejemplifica.

"Estamos cansados, llegué antes de ayer, tenía una super insolación y no me dejaron volver a salir. Yo quería salir, pero los paramédicos que nos dieron una mano hablaron para que no me dejaran. A la mochila no la aguanto más la llevo hace un mes, es desgastante", reflexiona.

El agradecimiento que nunca debe faltar

Al mismo tiempo que se reproducían los videos y fotos de las intensas llamas en las sierras de Córdoba también se multiplicaban los mensajes de aliento para los bomberos y las campañas solidarias. Todo esto es muy valorado por la propia Yanina.

"Todos estos dias empezábamos ver que la gente traía todo tipo de donaciones. Sabemos que la gente siempre colabora, pero nos sorprendió que fue de un momento para otro. Nosotros aplaudíamos a la gente que nos traía cosas", revela sorprendida.

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Y aclara: "Entre nosotros decimos y sabemos que lo hacemos sin esperar nada a cambio, pero que termines un incendio y te aplaudan es muy lindo. No pido mas nada que un 'gracias'. No sabes la alegría que te da saber que hicimos las cosas bien y que lo valoren. El reconocimiento es hermoso y te llena el alma. Se te caen las lagrimas leyendo los mensajes, viendo los nenes o los abuelos, es hermoso", concluye.

La entrevista llega a su fin, pero el día para Yanina continúa, es momento de volver al cuartel, a estar con sus compañeros y a esperar el llamado que la ponga de vuelta en acción para una vez más mirar atrás y saber que tiene el respaldo de todos esos compañeros.