Lautaro tiene 10 años y una chispa especial que le permitió desandar varios kilómetros para cumplir su objetivo, a bordo de un móvil de la Policía.


Como el Ulises del mito, Lautaro aplicó su ingenio y su capacidad de palabra para llevar a buen término su Odisea, en la que como la vivida por el héroe literario, el final era con abrazos de sus seres queridos.

Cansado de no ver a sus abuelos por más de 60 días de cuarentena impuesta desde Buenos Aires, este pequeño cordobés preparó un plan para salir en busca de los “nonos” y hasta tuvo la capacidad de improvisar, para llegar a su objetivo, con la ayuda involuntaria de dos policías.

El domingo, el niño esperó a que su madre quede dormida y se escabulló con su mochila, en la que llevaba alcohol en gel, lápices y cuadernos.

En su caminata por el Camino San Carlos, Lautaro llegó a una gomería, donde pidió ayuda para llegar a lo de sus abuelos.

Allí fue que los empleados del lugar se preocuparon por ver al niño solo y llamaron a la Policía.

Una vez con los uniformados, el chico dio un giro a la historia cuando le dijeron que no debía seguir su aventura y retornar a casa.

Ya arriba del móvil policial, el pibe comenzó a indicar el camino hacia “su” casa, pero en realidad el destino era otro, algo que ignoraban los agentes.

Una vez en el destino, gran sorpresa se llevaron los policías al ver que del interior de la vivienda salía, no la madre, sino la pareja de abuelos de Lauti, según contaron el oficial principal Maximiliano Merlo y el cabo 1º Matías Maldonado, los “conductores” involuntarios.

Tras el abrazo con los abuelitos que tanto echaba de menos,, Lautaro fue llevado finalmente a su casa, donde seguramente lo han recibido con un buen reto.




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