La Venganza será terrible, este jueves en Quality. Por Gonzalo Toledo.


Alejandro Dolina y sus muchachos arman una nueva edición de La Venganza será Terrible, esta noche de jueves, en el Quality, donde lo esperan sus seguidores, a los que viene a ver una vez al año, calcula. La presentación dará comienzo a las 21.30 y las entradas van desde los 220 a los 495 pesos.

Hablamos con el Negro.

–¿Y cuándo va a llegar la venganza? Porque la venganza será terrible es una promesa que nos tiene a todos esperando.

–Yo creo que es una promesa que no se cumple. La venganza es una institución, un protocolo, que no se puede cumplir nunca porque uno tiene ganas de vengarse cuando no puede vengarse. Después, cuando alcanza un poder superior puede vengarse pero ya, a lo mejor, no le interesa.

–Queda ahí como un ‘ya van a ver’.

–Sí, ‘ya van a ver’. Y bueno, por ahí cuando llega la situación ya no está tan interesado.

–¿No somos, los argentinos, un poco de decir ‘ya van a ver’ y nunca llega el día en que ya van a ver?

–Puede ser. El argentino siempre está lleno de amenazas: ‘ya van a ver’, ‘ya van a venir con el caballo cansado’. Y bueno, son una serie de promesas. Y uno vive inclinado hacia adelante ¿no? pensando en el futuro. El futuro tal vez nunca se presenta tal como lo prevemos.

–A veces, en todos esos amagues, me parece que El hombre de la esquina rosada nos representa un poco: ese amague permanente y cuando llega la hora de los bifes.

–Exactamente, sí, sí. Después de todo, El hombre de la esquina rosada es un cuento de aplomo, ni de amenaza… de fama de guapo que, finalmente, no es necesario mostrar reacción.

–¡Cuántos años de La Venganza?

–32

–¿Qué puede explicar tanta vigencia? La verdad es que es lindo saber que está siempre La venganza será terrible, que la gente la quiere y lo escucha.

–Y sí, un poco es así. A lo mejor lo hacemos bien; a lo mejor no es nada más que una cuestión de cariño, por ahí le caemos simpáticos a la gente. ¡Hay que esperar que no se desengañe! Trabajamos con mucha alegría y también con mucha generosidad porque hay que gente que una vez que se instala en un lugar deja de trabajar, se fastidia, dice ‘uh, esto es siempre es lo mismo’. Y nosotros siempre estamos buscando, nos divertimos mucho nosotros, encontramos, no nos gusta, volvemos a cambiar. Quiero decir que hay una actitud artística al menos decente. Yo no sé si excelente, pero sí decente. Ese puede ser un pequeño mérito que tengamos.

–Sí señor. Y más en un contexto como el actual. Leí que estuviste por Salta y decías allá que se estaba haciendo difícil para la gente de los medios y los artistas en general el ganarse el mango, últimamente. Que los espacios se achican.

–Así es. Es difícil. Afortunadamente, a nosotros nos va bien, bastante bien diría yo, pero notamos a lo largo de todas estas giras que la gente está con más dificultades, evidentemente. Lo que sucede también, convengamos, es cuando uno tiene que apretarse un poco el cinturón, lo primero que suprime es el entretenimiento; entonces, deja de comprar un libro, deja de ir al teatro porque evidentemente no va a dejar de comer ni de pagar las cuentas.

–Primo mangiare.

–Y primo mangiare, dopo vediamo.

–Ya que tantas veces te hemos escuchado hablando de mitos dan ganas de preguntar si no estamos atrapados en un ciclo tipo Sísifo, que llevamos la piedra y ¡pum! Se vuelve a caer.

–Los ciclos tienen algo de Sísifo, que se repiten; ocurren cosas que ya pensábamos que no iban a volver a ocurrir como le ocurrirá al pobre Sísifo ¿no? Un pasito antes de llegar al cumbre dice ‘bueno, ya estoy, un pasito más’ y se viene todo abajo. Eso suele ocurrir; los ciclos políticos, los ciclos económicos suelen ser así y eso produce una sensación que es peor que la del desengaño porque el desengaño es una vez y uno dice ‘bueno, está bien, tomaré otro camino’. Si el desengaño es cíclico y se repite siempre, estamos viviendo desengaños de desengaños.

–Habrá que salir un día.

–Y sí, pero es difícil. Cuando uno descubre un patrón que se repite y se repite se vuelve todavía más supersticioso y dice ‘para qué voy a subir esta cuesta si después me voy a caer’. Entonces, ocurre lo peor que podría ocurrir: que uno ni siquiera hace el esfuerzo.



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