Más que vitamina C: por qué tomar jugo de naranja en ayunas
Las propiedades de este cítrico clásico que se potencian al consumirse temprano. Conocé todos los beneficios que tiene incorporar este hábito.


El hábito de comenzar el día con un vaso de jugo de naranja recién exprimido forma parte de las rutinas matutinas de millones de personas en todo el mundo. Históricamente asociado a la prevención de resfríos por su altísima concentración de vitamina C, esta bebida es, en realidad, un complejo cóctel de nutrientes esenciales. Consumirlo por la mañana, cuando el organismo viene de un ayuno prolongado y se encuentra receptivo, puede potenciar sus efectos en diferentes sistemas del cuerpo.

Los datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (MedlinePlus) y del Departamento de Agricultura de ese país coinciden en que un solo vaso de jugo natural (aproximadamente 236 mililitros) aporta 112 calorías, pero cubre el 137% del valor diario recomendado de vitamina C, además de un 19% de folato y un 11% de potasio.

Esta densidad nutricional convierte al cítrico en un elemento sumamente versátil para incorporar a la dieta diaria, en sintonía con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de priorizar alimentos frescos de origen vegetal.
Además de su capacidad de hidratación y su rol en la reposición de electrolitos, investigaciones internacionales destacan propiedades específicas de este jugo:


A pesar de sus múltiples bondades, los especialistas advierten que existe una diferencia sustancial entre las propiedades del jugo recién exprimido y las presentaciones comerciales e industriales, las cuales suelen perder micronutrientes y sumar azúcares añadidos.

Incluso al tratarse de una bebida 100% natural, contiene azúcares propios de la fruta (fructosa) que se absorben con mayor velocidad que al comer la pieza entera. Por este motivo, se recomienda consumirlo con moderación para mantener estables los niveles de glucemia y, fundamentalmente, consultar a un médico o nutricionista antes de realizar modificaciones drásticas en la alimentación diaria, en especial si se cursan cuadros de diabetes o condiciones gástricas específicas.