Cómo cocinar remolacha: el truco de los chefs expertos para que no pierda su color ni sus nutrientes
Un truco sencillo que cambiará para siempre la forma en que disfrutás de este alimento.


¿Te pasa que querés sumar más vegetales a tus platos, pero la remolacha te da fiaca? Entre el enchastre que dejan las manos rojas, lo dura que es de cortar cruda y la eternidad que tarda en hervirse, muchas veces terminamos dejándola en la verdulería.

La realidad es que el problema no es la remolacha, sino el método. Por costumbre, solemos tirarla a la olla apenas la compramos, perdiendo sabor, color y tiempo valioso.

Acá te traemos la solución definitiva: un truco infalible de cocción que te va a hacer amar este vegetal. Olvídate de pelarla cruda y preparate para descubrir cómo transformar una remolacha común en el ingrediente estrella de tus platos con cero esfuerzo.
Para dominar la remolacha y aprovechar al máximo su dulzor natural, seguí este método infalible:
Paso 1: Lavado y preparación
No la pelés ni la cortes. Lavá bien los remolaches bajo el agua y cortales las hojas dejando un par de centímetros de tallo (esto evita que "sangren" y pierdan sus jugos y propiedades durante la cocción).
Paso 2: El secreto del papel aluminio
En lugar de hervirlas en agua —lo que les quita sabor y las lava—, envolvelas enteras en papel aluminio de forma individual o juntas en un paquetito bien cerrado.
Paso 3: Cocción al horno
Llevá las remolaches envueltas a una placa y hornealas a temperatura media (180°C) por unos 45 a 60 minutos, dependiendo del tamaño. Sabrás que están listas cuando un tenedor entre como si fuera manteca.
Paso 4: El pelado mágico
Sácalas del horno y dejalas entibiar apenas. Con las manos (¡o ayudándote con un papel de cocina!), la piel se desliza y sale sola con solo frotarla un poquito. ¡Cero esfuerzo y manos limpias!

Una vez que tenés tus remolaches listas y tiernas, podés armar platos riquísimos en segundos: