Asumiendo una serie de supuestos para simplificar el cálculo, en un rodeo estable en tamaño y desempeño reproductivo, las necesidades de reposición estarán dadas por el número de vacas que crían su último ternero (CUT) y las vacas que se refugan (los criterios de refugo pueden ser muchos: edad, vaca fallada, vaca preñada muy tarde, problemas sanitarios, dentición, etc).

Resulta evidente que los criterios por los cuales se refugan vacas de un rodeo de cría determinan el tamaño de la reposición. Como ejemplo, si en un rodeo se decide refugar las vacas falladas y las de preñez tardía (para evitar los problemas de manejo de la “cola de parición”), la ecuación entonces sería:

Reposición = vacas CUT + vacas falladas + vacas preñez tardía

A modo de ejemplo podríamos decir que, en un rodeo de 100 vacas, si tenemos 10 CUT, 15 vacas falladas y 5 con preñez tardía, necesitamos reponer con 30 vaquillonas. Es importante destacar que en la práctica son pocos los rodeos que descartan vacas con preñez tardía. Recordemos que las vacas paridas más tarde son las que, en general, tienen una probabilidad de preñez más baja en el siguiente servicio.

Para su identificación y posterior refugo es crítico disponer de información clave como lo es la edad gestacional (estimada por el ecografista al momento del diagnóstico de gestación). En el caso de que la decisión de retener terneras para reponer el rodeo se quiera hacer temprano (al destete, por ejemplo), sería razonable incrementar la cantidad de terneras a recriar de modo tal que se llegue efectivamente con las necesarias al momento del servicio.

Es aquí donde se torna necesario disponer de un criterio definido para tomar la decisión de retener o refugar una ternera y, para agregar un condimento adicional, a qué edad vamos a servir por primera vez esa vaquillona.

VAQUILLONAS. La genética Brangus tendrá su cita en los próximos días en Jesús María.

Retomando los cálculos, nótese que un porcentaje de procreo del rodeo simulado alto : >85%, estarían naciendo por año alrededor de 40 terneras (ya que se refuga el 5% preñado tarde) de las cuales tendríamos oportunidad de seleccionar y retener las 30 hembras que cumplan con los criterios previamente definidos para refugo/retención.

Una vez establecido el número necesario y asumiendo un primer servicio estándar a los dos años que puede ser ajustado anticipadamente, resta definir el criterio a través del cual llegaremos a la identificación de las candidatas. Ahora bien, si la idea es recriar la cantidad necesaria de terneras deberíamos disponer de algún criterio de selección temprana que nos permita identificar las mejores candidatas y ese criterio debería contemplar aspectos tanto fisiológicos como genéticos.

En un rodeo ordenado, es sencillo saber qué terneras nacieron más temprano (hijas de vacas que se preñaron también más temprano) y esas serían las que llegaron con mayor chance al servicio a los dos años. Si no se dispone de esa información, puede ser útil emplear el peso a fecha fija, asumiendo que el crecimiento al pie de la madre es similar entre individuos. Sin embargo, dentro de estas limitaciones se debe tener en cuenta que la edad y la condición corporal de la madre y atributos de crecimientos del toro padre pueden afectar en forma importante el peso al destete de las terneras.

Hay que recordar que, en este ejemplo, las vacas que se preñan más tarde son vendidas, por lo que se estará seleccionando entre terneras nacidas temprano.

En general los sistemas criadores están fuertemente influenciados en su tipo productivo por el biotipo animal que se selecciona, tanto a la hora de definir los refugos como a la hora de incorporar reproductores. Teniendo en cuenta qué biotipo queremos y siendo consistentes en la selección de reproductores, también podemos seleccionar las terneras en función de determinados atributos de la madre que queramos mantener y/o incorporar al rodeo.

Cuando resulte necesario modificar los objetivos de producción, optaremos por la selección de terneras cuyo padre sea quien introduzca la o las mejoras del atributo. Para los casos en que la paternidad sea difícil de comprobar, se podrían retener las hijas de vacas inseminadas artificialmente, para así retener las terneras con mérito genético dado por el toro seleccionado.