Se calcula que cerca de la mitad de la faena anual se termina tan solo en sus últimos tres meses a grano; de allí la importancia de contar con buena producción de pasto en las praderas naturales, en las sembradas, como así también en los verdeos anuales.

La práctica de la fertilización nitrogenada de recursos forrajeros lamentablemente es poco frecuente entre los ganaderos, salvo entre los productores de punta. Muchos ganaderos que analizan sus suelos para ajustar dosis de fertilizante cuando encaran la agricultura, que estiman las respuestas según potencial de cada semilla, que se actualizan, se asesoran, indagan ensayos de fertilización; ese mismo productor cuando siembra un recurso forrajero no le presta la misma atención.

Las razones de esta actitud se pueden encuadrar en dos aspectos: ver a la ganadería como un negocio “más largo” que el agrícola y por lo tanto más riesgoso en resultados económicos; y la percepción que esa respuesta económica es menor a la esperada con los granos.

A los precios actuales del kilo vivo y de los fertilizantes nitrogenados esa respuesta económica hoy es positiva. En efecto, cuando analizamos decenas de ensayos de fertilización nitrogenada sobre varios recursos forrajeros la respuesta varía entre 15 a 45 kilos de materia seca adicional cosechada por kilo de Nitrógeno aplicado. Aunque hay respuestas mayores a 50 en algunos casos, el hecho de una mínima de 15 ya nos estaría devolviendo la inversión, si pensamos en un novillo de 180 pesos el kilo vivo.

Animales pastando

A esta altura hay que hacer un par de acotaciones para que ese resultado se concrete en el campo y en el bolsillo del productor:

En primer lugar, se debe ajustar la carga lo suficiente para coordinar con la mayor producción de pasto; dicho con otras palabras: sería mal negocio producir 2000 kilos adicionales de pasto por hectárea con fertilizante cuando nos falta animales para comerlos.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta el momento de la fertilización: la misma pradera con idéntica dosis de fertilizante reacciona diferente según la fecha de aplicación. Si una pradera nos da 15 kilos adicionales de pasto por kilo de nitrógeno en pleno invierno pero 60 en primavera; seguramente los 15 van a ser más útiles y estratégicos que un pasto que sobre en primavera, salvo que estemos dispuestos a confeccionar rollos.

Otro dato a tener en cuenta es el mayor contenido proteico del pasto cuando aplicamos fertilizantes nitrogenados, situación que puede ser contraproducente en casos de verdeos en otoño si no se combina con otros recursos, pero en la mayoría de los casos es excelente tener mejor calidad, sobre todo en categorías menores.

Otra ventaja es el mayor despegue del suelo de los lotes fertilizados; la mordida del animal es mal alta, donde hay menos carga parasitaria en aquellos lotes infestados.

La única práctica que se observa habitualmente en los ganaderos es la aplicación de fertilizantes fosforados con la siembra de praderas, pero el consejo sería la adopción de la fertilización nitrogenada como herramienta regular, pero siempre asociada a la confección de un presupuesto forrajero.

El suelo siempre va a estar agradecido.