Hace unos 9000 años, el maíz como se lo conoce hoy no existía. Los pueblos antiguos en el suroeste de México encontraron una hierba silvestre llamada teosinte que ofrecía mazorcas más pequeñas que un dedo meñique con solo un puñado de granos pedregosos.

Pero por un golpe de genialidad o necesidad, estos cultivadores indígenas vieron potencial en el grano, lo agregaron a sus dietas y lo encaminaron a convertirse en un cultivo domesticado que ahora alimenta a miles de millones.

A pesar de lo vital que es el maíz, para la vida moderna, persisten lagunas en la comprensión de su viaje a través del espacio y el tiempo. Ahora, un equipo codirigido por investigadores del Smithsonian en los Estados Unidos ha utilizado ADN antiguo para llenar algunos de esos vacíos.

Un nuevo estudio, que revela detalles de los 9000 años de historia del maíz, es un excelente ejemplo de las formas en que la investigación básica sobre el ADN antiguo puede aportar conocimientos sobre la historia humana que de otro modo serían inaccesibles.

La domesticación, la evolución de las plantas silvestres durante miles de años en los cultivos que nos alimentan hoy, es posiblemente el proceso más significativo en la historia de la humanidad, y el maíz es uno de los cultivos más importantes que se cultivan actualmente en el planeta.

Largo proceso de domesticación

Los seres humanos comenzaron a criar selectivamente el ancestro silvestre del maíz, teosinte, hace unos 9000 años en México, pero las variedades parcialmente domesticadas del cultivo no llegaron al resto de América Central y del Sur durante otros 1500 y 2000 años, respectivamente.

Durante muchos años, el pensamiento convencional entre los estudiosos había sido que el maíz primero se domesticó por completo en México y luego se extendió a otros lugares.

Maíz listo para cosechar

Sin embargo, después de que las mazorcas de 5000 años encontradas en México resultaron ser solo parcialmente domesticadas, los académicos comenzaron a reconsiderar si este pensamiento capturaba la historia completa de la domesticación del maíz.

Luego, en un estudio histórico de 2018 dirigido por Kistler, los científicos utilizaron ADN antiguo para demostrar que, si bien los primeros pasos del teosinte hacia la domesticación ocurrieron en México, el proceso aún no se había completado cuando las personas comenzaron a llevarlo hacia el sur, a América Central y del Sur.

En cada una de estas tres regiones, el proceso de domesticación y mejora de cultivos se desarrolló en paralelo pero a diferentes velocidades.

Superposición genética

Con los genomas secuenciados del maíz original, los investigadores los analizaron frente a un panel de 121 genomas publicados de varias variedades de maíz, incluidos 12 derivados de mazorcas y semillas de maíz antiguas.

La comparación reveló fragmentos de superposición genética entre las tres muestras del refugio rocoso hondureño y las variedades de maíz de América del Sur.

Inyección de diversidad genética

Estos últimos hallazgos sugieren que algo trascendental pudo haber ocurrido en la domesticación del maíz hace unos 4000 años en América Central, y que una inyección de diversidad genética de América del Sur pudo haber tenido algo que ver con eso.

Este calendario propuesto también se alinea con la aparición de las primeras comunidades agrícolas asentadas en Mesoamérica que finalmente dieron lugar a grandes civilizaciones en las Américas, la olmeca, la maya, la teotihuacana y la azteca.

Hoy es un alimento esencial como hace miles de años.