Los especialistas consultados destacan que dicho cultivo permite diversificar la producción agrícola y, en definitiva, mejorar el estado de los suelos de cara a la campaña gruesa ya que se cosecha días antes del inicio de la siembra de soja y maíz. Su función como cultivo “de servicio” incluso favorece el rinde de otras siembras.

La importancia de este cultivo radica, no sólo en términos agronómicos por la rotación, sino también en materia económica y financiera. Desde la microeconomía del sector, permite a los productores obtener un ingreso en el tercer trimestre del año (julio/septiembre) antes de la cosecha fina. Y en términos macroeconómicos, también podría permitir un flujo de divisas más parejo a lo largo del año y una mayor diversificación del destino de las exportaciones, ya que sus compradores están en Europa, reduciendo marginalmente la bilateralidad con China.

En este sentido, los especialistas también recomiendan incorporarla con la mentalidad de mejorar la producción y los rindes, ya que su precio internacional es muy atractivo; pero no pensarla como un producto milagroso o la “nueva soja” porque es más sano trabajar de forma rotativa.

Campo de colsa y Carinata

“La brassica carinata es un cultivo al que deberíamos estar apuntando de manera masiva en la Argentina. El tema es que se necesitan políticas a mediano y largo plazo con una mirada estratégica”, explicó María Beatriz “Pilu” Giraudo, ex presidenta de Aapresid.

“Seguir con los cultivos tradicionales está muy bien, pero sigue siendo un abanico muy poco diverso para el bolsillo del productor, para el ambiente, pensando en un manejo estratégico de cualquier tipo de adversidad”, indicó la especialista en siembra directa.

Para Giraudo, la brassica carinata “es muy útil para manejar el clima y los mercados de diferente manera. Hay que incorporar muchas producciones para darle más diversidad a los sistemas productivos. Además nos permite generar posibilidades de empleo”.

“El productor está abierto porque van apareciendo nuevos cultivos y tecnologías que permiten transformaciones. No se trata de plantear una dicotomía. Lo interesante es mostrar la importancia de la inclusión de nuevas producciones”, agregó Giraudo.

El año pasado en la Argentina se sembraron alrededor de 10.000 hectáreas de brassica carinata. En la zona núcleo (norte de Buenos Aires y Sur de Santa Fe), el cultivo va ganando terreno de la mano del interés que muestran algunas empresas del rubro.

Los que conocen del tema proyectan que, a partir de las consultas realizadas por los productores, este año se sembrarán unas 50.000 hectáreas (en 2020 participaron solo 88 agricultores). Es decir, en solo un año se podría cuadriplicar la producción del cultivo.

Las compañías, que exportan a Europa, proponen contratos a los productores mediante los cuales proveen la semilla y garantizan la compra de toda la cosecha. Si se cumplen condiciones de calidad, el valor puede llegar a un máximo de 480 euros por tonelada.