Julia Rigo es sinónimo de solidaridad en Azul. La vecina del Barrio San Francisco publicó en sus redes la historia de Juan, un hombre al que ella empezó a ayudar hace más de un año como a tantos habitantes de esta ciudad. “Todos los días aprendo algo nuevo con Juan, él me da una enseñanza que creo jamás hubiera adquirido si no lo conocía”, escribió Rigo en Facebook y su publicación se compartió más de 600 veces.

LA HISTORIA DE JUAN

El es Juancito, un abuelo de mi barrio al que empecé ayudando con comida y ropa ya hace un año y piquito. Un vecino pidió mí ayuda porque Juan estaba solo y hacia varios días no comía, así que le dije que si que si el podía venir hasta casa ese mismo día a buscar la comida y Juancito vino. Llegó hasta mí casa como pudo, preguntó en el barrio y una vecina lo trajo hasta mí casa. Cuando lo ví por primera vez me partió el corazón: le dí la comida y la misma vecina lo acompañó porque yo estaba entregando la cena como lo hacía todos los días.

Al otro día me levanté temprano y me fuí a su casa a hablar con él. Reconozco que era muy testarudo, renegón como todo abuelo, jajaja. Él no quería que yo vaya todos los días a llevarle la comida, quería venir él a casa, así que lo convencí que yo podía hacerlo. Desde ese día no dejo de ir nunca: voy dos veces al día a llevarle el almuerzo y la cena.

Todos los días aprendo algo nuevo con Juan, él me da una enseñanza que creo jamás hubiera adquirido si no lo conocía. ¿Qué quiero decir con esto? Que aprendí que no todo es la plata en la vida, que la soledad duele y mucho, y que si valoramos lo que tenemos delante nuestro todo sería diferente. Lo único que tiene Juan es un perro que cuando me ve se pone loco de contento, corre de un lado a otro y ladra avisando que llegué.

Yo deseo todos los días de mí vida hace casi nueve años abrazar y besar a mí mamá nuevamente y Juan hace que de vez en cuando llore con un desconsuelo que no puedo parar. Por ejemplo hoy, fuí a su casa como todos los mediodías y lo encontré con su cara lastimada y llena de sangre, se había caído cuando fue a sacar la basura. Lo primero que me dijo cuando abrió la puerta fue “viniste mamá”. Estaba perdido, me destrozó cuando lo ví, lo cargue en la camioneta y lo llevé al caps de nuestro barrio. Ahí lo curaron las chicas con mucho amor, después lo lleve nuevamente a su casa y le dije que después lo venía a buscar para llevarlo a la peluquería, con esa excusa lograría sacarlo y llevarlo a bañar a casa. Así fue lo traje a mí casa y se dio un baño único, lo disfruto mucho, lo vestí, lo perfumé y lo llevé a su casa.

Cuando íbamos en camino me dijo que yo le recordaba mucho a su mamá y me pidió un beso en su mejilla. Se lo dí y le dije que yo estaba para protegerlo y cuidarlo, le dije que lo quería mucho y sus ojos brillaron como nunca. ¡Gracias a dios Juancito se cruzó en mí camino y me enseña cada día algo nuevo!