La inflación se disparó. Hace seis meses, los precios minoristas viajan al 4% mensual promedio. El Banco Central admitió que hubo una aceleración de 10,2 puntos porcentuales en el primer cuatrimestre. En mayo, el indicador está desacelerando, según datos de alta frecuencia analizados por el Gobierno. Pero el nivel aún es de alarma. ¿Tiene el ministro de Economía, Martín Guzmán, un plan para este enorme problema?

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En el primer cuatrimestre del año la inflación acumulada fue del 17,6%. La idea oficial es tener 29% (+/- 5 puntos) este año. Actualmente, se está en 46,3% y si se proyectara el promedio del último semestre, Argentina estaría yendo a un acumulado del 60% en un año. Dramático.

En las reuniones que tuvo en la semana con funcionarios, empresarios y sindicalistas de UPCN, Guzmán afirmó que el plan contra la inflación está en marcha. Remarca que el año pasado, cayó 32% (o 17,7 puntos). Y cree que mayo es el mes de inflexión, por el inicio de una tendencia descendente que se mantendría hasta fin de año. Según dijo, se están generando “correcciones” dónde identifican problemas. ¿Son efectivas las medidas? ¿Cuánto tardan en impactar? Todo un debate.

Martín Guzmán (Archivo)

Déficit y emisión monetaria

La primera “corrección” es controlar la emisión monetaria. En 2020, se imprimieron 2,01 billones de pesos para financiar el déficit que ya había y el gasto extra que generó el denominado “paquete Covid-19” de asistencia sanitaria, social y empresaria. Ahora, en los últimos seis meses, la emisión cayó 90%.

¿Y el déficit? En el primer cuatrimestre, hubo un déficit primario de 80.594 millones de pesos, lo que significó un 79% menos que en el mismo período del año pasado. Y el rojo financiero está en 241.440 millones de pesos; cayó 9%. Pero economía viene refinanciando todos los vencimientos, estirando plazos de pago para 2022 y 2023. Y en paralelo emite deuda nueva para cubrir parte del déficit: en lo que va del año lleva 137.280 millones de pesos.

Factores extra de presión

Guzmán cree que en los últimos cuatro meses hubo una presión extra sobre la inflación, relacionada con la reapertura de las restricciones. Muchos sectores estuvieron cerrados en 2020 e intentan ahora recuperarse rápido para no quebrar.

También opera el deshielo de los congelamientos de precios que se habían fijado en 2019 y 2020. El funcionario entiende que era insostenible mantenerlo porque podía generar desabastecimiento, mercados paralelos (en una economía con 35% de informalidad) y mayor desempleo. Incluso, las alimenticias (a las que los costos nunca dejaron de subirles) ya estaban descongelando de hecho: Comercio Interior detectó que algunas cambiaron el packaging, restaron un gramo al paquete o incluso le cambiaron el nombre, para eludir los llamados “Precios Máximos”.

La inflación se siente en las góndolas.La Voz

Otro fenómeno que ve Guzmán en esta coyuntura es el de una amplia dispersión de precios relativos. En un contexto de abundante liquidez (por la emisión del año pasado), los precios diferentes entre regiones y categorías generan presiones alcistas al no haber una referencia clara de cuánto valen las cosas. Esta dinámica es previa a la pandemia. A contramano de la lógica que impera en el capitalismo moderno, quienes tienen precios más bajos y competitivos los suben empujados por las expectativas de mayor alza a futuro.

El contexto externo

Otro factor de presión está dado por la suba de los commodities, que impactan en las principales exportaciones argentinas como la soja, maíz, trigo y girasol, insumos también para gran parte de la industria alimenticia. Y esto, considera Guzmán, afecta los precios de los alimentos que se comercializan en el mercado interno.

Hay una suerte de inflación desordenada a nivel global que está configurándose como un fenómeno disruptivo en medio de la pandemia. Este fenómeno está bajo las lupas de la Reserva Federal estadounidense, el Banco de Inglaterra y del Banco Central Europeo.

Estados Unidos tenía un target de inflación establecido en 2% anual y el acumulado anual hasta abril es del 4,2%. Lo mismo sucedió en Brasil con un target de 3,8% y un registro de 6,8%. Y en México, con un target de 3% y una inflación real del 6,1%.

El rol de las expectativas

Según sostuvo Guzmán en la última reunión de Gabinete económico, el programa macroeconómico se está cumpliendo. Las políticas fiscal, monetaria y financiera están dentro de los márgenes establecidos por el Presupuesto 2021. Él está dando la batalla interna para cuidar el gasto. No quiere que lo posiciones como un fiscalista ni ajustador. Asegura que no propone un ajuste, sino una “redistribución de los recursos”, por lo que insiste con segmentar tarifas, un proyecto que en las últimas semanas tomó celeridad.

Los sindicatos cumplieron con la pauta salarial del 29% (más 5 puntos). Pero para Guzmán, hubo sectores empresariales que no, porque vincularon una actualización de los márgenes de ganancias con la expectativa de que la inflación iba a ser más alta.

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Casi en forma calcada de lo que supo denunciar Mauricio Macri en 2017, el presidente Alberto Fernández cree que las empresas que “forman precios” están buscando sacar la mayor tajada posible en el rebote, principalmente las alimenticias.

Esa tensión ya frenó la dinámica de los acuerdos de precios e ingresos. Las empresas se pusieron firmes. Daniel Funes de Rioja, presidente de la Copal y próximo jefe de la UIA les dijo a Fernández y a Guzmán dos semanas atrás en Casa Rosada que bajen los impuestos si quieren precios más accesibles. El Gobierno respondió con controles de precios, dado que consideraron que hubo actualizaciones que estuvieron por encima de lo que una “coordinación” hubiese implicado. El cierre de exportaciones de la carne es una consecuencia de esa disputa.

Fernández y Guzmán entienden que la emisión genera inflación, pero agregan que el movimiento de precios no es un fenómeno exclusivamente monetario en cualquier tiempo y lugar, sino multicausal en el que la política tiene un rol determinante.

Ahora, ante un nuevo confinamiento y con la segunda ola de la pandemia golpeando con violencia sobre una población con el 42% de pobreza, se abren interrogantes. La caja tiene un límite y si se enciende la “maquinita” de imprimir billetes, los riesgos inflacionarios son enormes.

Por la Corresponsalía de Buenos Aires