La cuarentena adelantó procesos que se venían dando de manera inevitable dentro del mundo de la comunicación de noticias, acentuando la pérdida de hegemonía de los grandes medios de comunicación que tradicionalmente tenían cautiva en masa a gran parte de la población, la que se abalanzó sobre una diversidad de propuestas informativas vinculadas a las redes sociales e incluso debió reaprender a interactuar socialmente a través de una pantalla.

Para nosotros, quienes ejercemos la comunicación desde pequeños pueblos del interior e incluso distanciados de las grandes urbes donde la competencia obliga a la acción, esta “movida de piso” nos obligó a activarnos, capacitarnos y en muchos casos reconvertirnos para poder seguir estando vigentes, dentro de una ola de información que de repente llenó el ciberespacio y en un contexto donde la noticia era más importante que el medio que la publicaba.

Trabajar en casa, con la pérdida de la presencialidad en la cobertura de notas, la imposibilidad de salir con el papel periódico a la calle, o de tener a un invitado en un reducido estudio televisivo propio de los recursos que tiene un canal de pueblo, nos desafió a encontrar opciones para seguir ejerciendo nuestra profesión, con la necesidad de ser novedosos y atractivos para el público.

Trabajar en casa en la cuarentena, rompió formalidades.

A esto se suma la importancia de informar de manera seria y sobre todo responsable, en un ambiente social muy sensible por la incertidumbre y el temor sobre una enfermedad desconocida que azota al mundo, siendo conscientes de la influencia de una noticia especialmente en el contexto de encierro de los primeros meses de cuarentena.

Recuerdo la novedad de los primeros datos de casos de covid en mi pueblo, la repercusión general que causó y la necesidad de la gente de saber más, el sentirme obligado a chequear más de una vez un dato antes de publicarlo, por esto de ser responsables con el mensaje a gente en buena parte temerosa y asumiéndome parte de esa misma comunidad.

El pedido diario de novedades casi como si el medio de comunicación fuera un centro de información oficial, o la búsqueda para encontrar notas de interés recreativo, para que no todo gire en torno a la psicosis que causaba la pandemia.

Todo esto fue un gran desafío que analizado hoy a cierta distancia y con los efectos aún vigentes, tuvo su lado positivo para quienes supieron estar a la altura de las circunstancias, muchas veces sin recursos económicos que posibiliten adquirir equipos, donde un simple teléfono con cámara y conexión a internet, se convirtió en la herramienta de trabajo más importante, pero concentrados en la responsabilidad de ejercer una profesión que en nuestro caso potenció su importancia y protagonismo.