Indignada y a la vez furiosa, una madre irrumpió en la casa de dos delincuentes mientras dormían, a uno de ellos lo despertó poniéndole el pie en la cabeza y los obligó a entregar los artículos que habían robado en el negocio de la hija.

“Estos chorros son unos caraduras que rompen los sueños de la gente que quiere trabajar y emprender y en mi caso no iba a esperar a que la justicia hiciera algo”, dijo sin rodeos.

Silvia es una madre amorosa y orgullosa de su hija que decidió emprender un negocio para ganarse la vida.

Sin embargo en los últimos días decidió esconder ese aire de mujer apacible y sacó a relucir toda su indignación e ira.

En la madrugada del miércoles delincuentes arrasaron con la Librería San Carlos en General Alvear, el negocio de la hija, y ella no dudó en arremangarse, ir en busca de los ladrones y hacer todo lo posible para recuperar lo robado.

Al final de la jornada, Silvia regresó con la hija y al menos le entregó la computadora que le habían llevado.

Después de enterarse que ladrones habían irrumpido en la librería de la hija llegó al negocio y “vi llorando a mi hija de impotencia porque le habían robado una netbook, bijuoterie y otros elementos que rondaban en plata, unos $100.000″, contó la mujer en diálogo con Fm viñas.

Al ver lo sucedido no se quedó masticando bronca simplemente sino que se armó de valor y salió en busca de los ladrones que estaban a unas dos cuadras de la librería.

Con mucha bronca lo primero que intenté fue ir a buscar a estos chorros porque ya tenía algún dato sobre quienes habrían sido. Le pregunté a un policía si me podía acompañar a recuperar estos elementos y me dijo que no podía porque primero tenía que hacer la denuncia, por lo que luego de hacerla me fui a la casa donde viven los que habían entrado al local”, contó Silvia en la radio alvearense.

Alrededor de las once de la mañana llegó a la casa marcada “entré y los desperté, le puse el pie encima a uno y le exigí que me entregara las cosas. Él me decía que había robado una compu chiquita pero que no era la nuestra por lo que insistí hasta que una de las chicas que me acompañó buscó y la encontró, era la que le había robado a mi hija, relató.

Todavía con el malestar a flor de piel, Silvia afirmó “estos chorros, que son los mismos de siempre, son unos caraduras que rompen los sueños de la gente que quiere trabajar y emprender y en mi caso no iba a esperar a que la Justicia hiciera algo”.

Silvia reconoció que “no es recomendable lo que hice”, sin embargo el hartazgo pudo más ya que “estamos cansados de que nunca se haga algo y va a pasar que alguien al que le roben se le va a ir la mano y se va a desgraciar con estas lacras”.

“No puede ser que dos o tres rateros vayan contra el laburo de la gente y estén libres porque ya tienen causas y andan por la calle como si nada”, concluyó.