Si existen marcas emblemáticas en el universo de la moda, una de ellas es Burberry. La marca británica se hizo conocida por sus gabardinas cuadriculadas que nunca pasan de moda. Sin embargo, a pesar de su éxito, no siempre las cosas salen bien. Según un artículo de la BBC, desde hace varios años la compañía quema todos los productos que no logra vender.

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¿El objetivo? Asegurarse de que sus prendas, sus accesorios y fragancias, no puedan conseguirse en el mercado a precios más bajos, y por lo tanto que sigan siendo tan exclusivos como siempre.

Las cifras que han sido publicadas alcanzan para tomar una dimensión de lo cuestionable de esta práctica.

Durante 2017, se calcula que la compañía tiró a la hoguera una cantidad de productos equivalentes a los US$33,7 millones. En los últimos cinco años, este mismo número todavía es más alarmante y alcanza los US$116,8 millones.

De acuerdo a lo que han explicado los representantes de la marca, este procedimiento se hace de “manera responsable”, y la energía que se genera al destruir los sobrantes es “almacenada” para evitar un impacto negativo sobre el medioambiente.

Sin embargo, esto no ha sido suficiente para tranquilizar a los ambientalistas, y desde Greenpeace se cuestionó fuertemente este método.

“A pesar de sus altos precios, Burberry no muestra respeto por sus propios productos ni por el arduo trabajo y los recursos naturales que se utilizan para fabricarlos”, denunciaba en un relevamiento realizado en 2018 por Lu Yen Roloff, periodista y activista de la organización.

“En lugar de frenar su producción, incineran la ropa y los productos en condiciones perfectas. Es un secreto sucio de la industria de la moda”.

Pero lo más grave de esta situación es que al parecer la firma del logo con el caballero medieval no es la única que ha optado por este camino para mantener intacta su reputación, y cada vez son más los pesos pesados del mundo fashion que siguen su ejemplo.