Detrás de cada computadora o celular siempre existe una persona que está interactuando y poniendo en juego su singularidad. ¿Por qué se la denigra tanto?


Los avances tecnológicos nos invaden y no podemos escapar de ellos, salvo que pretendamos regresar a la Edad de Piedra y comportarnos como cavernícolas que aún ansían descubrir el fuego. Y así, de la mano de la tecnología, también las llamadas “redes sociales” han llegado para quedarse y formar parte de nuestra vida cotidiana, nos guste o no admitirlo.

Mucho se habla en estos días de los “vínculos virtuales”, como minimizándolos en relación a lo que serían los “vínculos reales”. ¿Pero existe algo semejante a un vínculo virtual? ¿Por qué se lo denigra? Si nos remitimos al diccionario de la Real Academia Española, vemos que una de las acepciones del término “virtual” nos dice: “Que tiene existencia aparente y no real”.

Sin embargo, más allá del diccionario, lo cierto es que millones de personas interactúan a diario y por las redes sociales con otros que, supuestamente, no tienen una entidad auténtica. ¿Es en verdad así? ¿O será que no se trata de vínculos tan virtuales como creemos?

Todos, en mayor o menor medida, interactuamos en las redes y tenemos centenares o miles de contactos; aunque,también es cierto que nuestra interacción se limita apenas a diez o quince de esos contactos. ¿Por qué? Tal vez porque el tiempo no alcanza para todo, porque en esos contactos predilectos vemos afinidades o características que nos hacen tenerlos más en cuenta, o tal vez porque son justamente esos contactos quienes trascendieron la barrera de lo virtual y nos hicieron comprender que dicha virtualidad jamás existió.

Un contacto virtual sería el que podríamos establecer con un robot, con un simple programa de computación que imite a un ser humano.

En cambio, detrás de cada computadora o celular siempre existe una persona que está interactuando y poniendo en juego su singularidad.

Por lo tanto, en todos los casos, nos estamos comunicando con otro ser.

En este sentido, la virtualidad no es tal, sino apenas una manera de denominar a la herramienta de comunicación que más usamos en esta era. ¿Y quiénes se comunican? Definitivamente humanos, y no máquinas ni entes imaginarios.

Muchos son los que se enojan, se ríen, se emocionan, hacen catarsis o se hacen compañía en estas mal llamadas “redes virtuales”. También están aquellos que atribuyen a un otro, a quien todavía no conocen demasiado, características que en verdad no tiene, y por ende se enamoran apenas de una fantasía. ¿Pero no ocurre acaso lo mismo en el llamado mundo real? Por supuesto que sí.

Por lo tanto, quizá debamos descartar la absurda creencia de que “todo tiempo pasado fue mejor” y aprovechar las ventajas tecnológicas de esta era, que sin duda nos permite entrar en contacto con otros seres humanos a partir de esta mal llamada “virtualidad”. Tal cosa, no es más que una herramienta. Y una herramienta más que saludable a nivel psíquico, puesto que nos ayuda a vincularnos.





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