Durante este plazo idealizamos a la otra persona pero después se abren tres caminos: el amor, el desamor y la obsesión.


El enamoramiento es un estado que suele anteceder al amor, un período en el que intervienen factores psicológicos y bioquímicos. Muchos estudios demuestran cambios en el funcionamiento cerebral, a nivel de los neurotransmisores; pero claro que esto no es para alarmarse, dado que implica una maravillosa sensación.

Sin embargo, durante el enamoramiento, el otro no es el otro sino quien nosotros queremos que sea. Ponemos sobre ese otro un velo que lo cubre y no llegamos a verlo como es en realidad, no completamente.

Así, vamos exacerbando sus virtudes y minimizando sus defectos, y en ocasiones no terminamos enamorados de ese otro, sino del que creíamos que era, del que quisimos que fuera, de lo que idealizamos.

Claro que este velo no cubre al otro para siempre; de allí que el enamoramiento dure tan sólo un año, a veces dos. Será entonces cuando el velo caiga y podamos ver al otro tal cual es. De ahí en más, se abrirán dos caminos: el del amor (en el mejor de los casos) o el del desencanto (cuando la fantasía previa hubiera desvirtuado demasiado la realidad).

El enamoramiento dure tan sólo un año, a veces dos.

Algunas veces ocurre, sin embargo, que no se trata de amor ni de enamoramiento sino de una obsesión por el otro. Y si bien en todo enamoramiento nos obsesionamos un poco, dado que estamos pendientes de la otra persona en muchos sentidos, lo cierto es que a veces lo único que nos impulsa al otro es la obsesión por ser correspondido. No se soporta la idea de que al otro no le importemos, de que no centre su atención en nosotros. Sentimos malherido el propio narcisismo, y es nuestra inseguridad la que nos lleva a desesperar buscando la aceptación de ese otro con el cual te has obsesionado.

Es en estos casos, muchas veces, cuando el otro puede transformarse en una droga de la que no se puede prescindir. Por supuesto que hablamos de una relación patológica, en donde ese otro pasa a la categoría de un objeto en torno al cual gira por completo nuestra vida. No se trata, en modo alguno, de una “adicción al amor”; el amor es un sentimiento noble que prioriza el bienestar del otro. Simplemente se trata de una adicción a un otro que requerimos desesperadamente, como podemos requerir drogas o alcohol. Puede que, racionalmente, comprendamos que se trata de una relación nociva y que no nos resulta conveniente; pero aun así no podemos alejarnos y nos desvivimos por mantener algún tipo de vínculo, incluso agresivo.

El amor es un sentimiento noble que prioriza el bienestar del otro.

En tal sentido, se puede abordar este cuadro clínico como si se tratase de cualquier otra adicción. Habrá que resistir la abstinencia y procurar detectar cuál es ese vacío en nuestro ser que pretendemos completar con ese objeto adictivo. ¿Qué es lo que necesitamos realmente de él? ¿Qué rol ocupa? ¿Cómo sería nuestra vida sin esta persona? El primer paso será dejar de culpar al otro por nuestra necesidad desenfrenada (obsesión compulsiva) y comenzar a hacernos cargo de nuestro propio vacío.





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