Durante mucho tiempo se creyó que era un órgano inútil, pero una investigación sugiere lo contrario.


La evolución no es un proceso lineal. Uno suele tener en mente la típica imagen de un mono que, a medida que avanza hacia la izquierda, se va volviendo cada vez más humano. Pero en la realidad no funciona así.

De los millones de años que tiene la evolución humana, nos han ido quedando partes en desuso. El coxis, por ejemplo, es un recuerdo de cuando teníamos cola y vivíamos sobre los árboles. Algunas personas tienen un pequeño agujero delante de sus orejas, que nos quedó de nuestros ancestros con agallas para respirar abajo del agua.

El apéndice era otra de esas partes del cuerpo humano que creíamos no tenía ninguna función; pero un trabajo de la Midwestern University, Estados Unidos, afirma lo contrario.

Ellos partieron de la hipótesis de que si una característica aparece varias veces a lo largo de la evolución (tal es el caso de los ojos, alas y piernas), es una señal de que tiene alguna utilidad. Y cuando un organismo pierde algo para nunca más recuperarlo, es que no era tan beneficios en términos evolutivos (básicamente en cuanto a aumentar las posibilidades de supervivencia y reproducción).

Así que para su investigación, los científicos de la Midwestern University examinaron la evolución de 533 mamíferos a lo largo de 11 millones de años para ver en dónde había emergido el apéndice como una novedad y en dónde había desaparecido.

Para sostener la hipótesis que este pequeño órgano es un vestigio de épocas pasadas sin ninguna función en la actualidad, los investigadores debían observar que evolucionó un puñado de veces y desapareció otras tantas.

En cambio, encontraron que el apéndice evolucionó entre 29 y 41 veces, pero desapareció solo 12.

Pero si sirve para algo, ¿para qué específicamente? La teoría más apoyada es que es parte del sistema inmune y que colabora en su buen funcionamiento.

No parece ser casualidad que las personas sin apéndice tengan una mayor tendencia a sufrir de infecciones bacteriales que aquellas que sí lo tienen.

Claro que tener un apéndice tiene sus riesgos. Una apendicitis no es un problema menor y requiere de una cirugía que, si bien es de rutina, debe hacerse con urgencia.

Por otro lado, también es cierto que las personas sin apéndice pueden vivir prósperas y largas vidas luego de que le remuevan este órgano, lo que podría significar que otras partes del sistema inmune recogen la posta dejada por el órgano ausente.




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