*Por Pablo López, psicólogo y director académico de Fundación INECO.

El agotamiento que sentimos ante a tareas que hasta hace poco afrontábamos sin problemas, tiene nombre y supone mucho más que un período de cansancio. Con el transcurrir de estos meses de pandemia, cada vez es más común escuchar a la gente repitiendo: “Antes podía hacer varias cosas a la vez, y ahora arranco con una y ya estoy para vacaciones!”. ¿Les ha pasado también? ¿A qué se debe?

Analicémoslo un poco. Si bien la cuarentena nos ha llevado a una reducción de esfuerzos físicos, nuestra mente viene enfrentando nuevas demandas de alta atención prolongadas en el tiempo. Además, ahora que lo laboral pasa más por modalidades remotas, se desdibujó notablemente la frontera entre los momentos de trabajo y los de descanso, provocando sensación de sobrecarga y dificultad para “desconectarnos”.

La rutina que traíamos hasta marzo, mala o buena, nos aportaba estabilidad y, de alguna manera, nos permitía prever el mañana. Pero la pandemia nos ha obligado a hacer un gran esfuerzo cognitivo a partir de la necesidad de asumir nuevos hábitos cotidianos, recordar a toda hora los protocolos sanitarios y sostener el alto nivel de atención que requieren las videollamadas.

Ante semejante escenario, debemos entender la fatiga mental como un esfuerzo atencional o cognitivo prolongado que nos lleva a una sobrecarga o agotamiento, ya que el contexto de elevado estrés se ha mantenido por mucho tiempo a causa de la pandemia.

La somnolencia y la dificultad para concentrarnos y “procesar” las tareas pendientes son los síntomas principales de este cuadro. La fatiga mental puede provocarnos una pérdida de interés, atención y motivación, afectando nuestra vida personal, social y laboral. ¿Qué podemos hacer para combatir este cuadro?

Es esencial reorganizar los hábitos en pos de restablecer los engranajes de nuestra salud, que son la alimentación, el ejercicio físico y el buen descanso. Generalmente, cuando comienza a fallar alguna de estas variables, las otras pronto siguen el mismo derrotero y entra en escena el agotamiento.

Estas son algunas herramientas para combatir la fatiga mental:

*Regular los horarios de sueño lo más posible, preestableciendo también varios “recreos” de descanso durante el día.

* Ir de la preocupación a la acción. Saquemos las ideas agobiantes de nuestra mente y busquemos acciones concretas para modificarlas (Podemos anotarlas para luego pensar en ellas y compartirlas con alguien).

* No confundir el distanciamiento físico con el social o afectivo. Socializar nuestras emociones es algo que nos ayudará mucho ante la sensación de fatiga.

* Incorporar estrategias basadas en la meditación, que permiten cierta regulación emocional, reducir la ansiedad y mejoras en nuestra capacidad de atención.

Para finalizar, tengamos en cuenta que si bien es importante identificar un posible cuadro de fatiga mental e ir aplicando estas recomendaciones en nuestra rutina, todo cambio será progresivo y nada se resolverá de un momento para otro. Lograremos un círculo virtuoso y mejoras significativas si sostenemos estos hábitos en el tiempo.