Tenemos cerca de 60.000 pensamientos al día, en su mayoría negativos y repetitivos.


El aislamiento social obligatorio relacionado al coronavirus produce reacciones diferentes en cada persona. Las noticias se pueden tornar agobiantes al igual que nuestros propios pensamientos: según estudios científicos, tenemos aproximadamente 60.000 pensamientos al día, los cuales son en su mayoría negativos y repetitivos, es decir, “rumiantes”.

“El eje principal de los pensamientos rumiantes por lo general no cambia, sino que se intensifica y se crea un círculo vicioso en el cual nuestra cabeza retroalimenta la misma idea”, explica Florencia Serritellacoach transformacional.

(Foto:Ilustrativa/Web)

La especialista destaca la diferencia entre rumiar y pensar: “La Real Academia Española define la acción de rumiar cómo masticar por segunda vez y, si bien se está refiriendo a la manera de alimentarse que tienen muchos animales, en lo que respecta a los patrones de pensamiento que solemos tener los seres humanos encaja perfectamente”.

Por eso, Serritella detalla cuáles son los pasos para evitar ser consumidos por pensamientos repetitivos.

(Foto:Ilustrativa/Web)

El primer paso es identificar que no estamos pensando sino rumiando. Al reconocer la diferencia entre ambas acciones podemos descalificar las ideas que vengan cuando dejamos de pensar y comenzamos a repetir pensamientos”, explicó.

Y añadió que el hecho de “etiquetar esas ideas como una simple rumiación hace que las mismas pierdan entidad y que no creamos cada pensamiento que viene a nuestra cabeza”.

“Sacarle credibilidad es la clave para cortar el círculo viscoso que se forma con las ideas repetitivas, si dejo de alimentar un pensamiento el círculo se corta, puede que la preocupación no desaparezca pero al menos no se intensifica“, detalló a continuación.

(Foto:Ilustrativa/Web)

El segundo paso es “tolerar la incomodidad de convivir con un pensamiento negativo sin hacer nada al respecto“. Es decir, la instructora indica que no hay que “contestarle al pensamiento” y tampoco decirnos a nosotros mismos que esa idea no es cierta, sino simplemente observar nuestra preocupación y tolerar el malestar que genera.

“Los pensamientos rumiantes tienen un pico de malestar, si dejamos que alcance ese punto entonces la ansiedad comenzará a descender automáticamente“, concluye Serritella.





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