Nadie puede minimizar el desarrollo del conocimiento y sus beneficios, pero cualquiera puede confirmar su parcialidad. La racionalidad como método nos agrega años y calidad de vida, pero es sólo una de las facetas humanas.


Durante años, hubo acuerdo en definir al ser humano como un animal racional. Así, a secas. También hay acuerdo en afirmar que no somos la única forma de vida en el universo: hay quienes creen que los extraterrestres vendrán para salvarnos de nosotros mismos y los que aseguran que nos convertirán en alimento o mano de obra baratos. Lo cierto es que les adjudicamos características y motivaciones humanas (¿acaso lo que nosotros hacemos con los animales?) y desconocemos sus intenciones, suponiendo que las tengan, por lo que todas son probables…

¿Pero a dónde nos lleva esta enunciación? A la conclusión de que todas estas pueden ser creencias racionales, pero no por ello verdaderas. No tenemos evidencia ni conocimiento de sus antecedentes con las especies de otros planetas. Los seres humanos reflexionamos y opinamos desde nuestros aspectos racionales, irracionales y emocionales… Y desde tantos lugares más.

¿Otros acuerdos actuales? Por ejemplo, afirmamos que la ciencia es un sistema de creencias sujeto a permanente revisión; mientras que las doctrinas son sistemas de creencias sujetas a permanente “autoafirmación” (ligadas fuertemente a factores emocionales). En síntesis, hipótesis y dogmas. Pero también sabemos que algunas hipótesis intentaron dogmatizarse y que algunos dogmas intentaron convertirse en verdades evidentes.

También hay acuerdo en afirmar que el ser humano puede, a un mismo tiempo, ser defensor de la ciencia y de los dogmas. ¿Por qué una persona dedicada a la ciencia no podría creer en una superioridad racial, sexual o nacional? La perfección y el purismo son para los modelos teóricos, no para los seres humanos.

También hay acuerdo en que lo racional es una cuestión de método: un modo de lograr objetivos conociendo los recursos, tiempos, posibilidades y dificultades. Pero el ser humano tampoco lo aplica a cada aspecto de su vida, en todo momento, porque su naturaleza no se lo permite. Y la cabeza no le da para eso.

La intención de este texto no es marear a los lectores ni minar la diversidad humana. Sino desmitificar la creencia en la superioridad a partir de la “supuesta” racionalidad. Nadie puede minimizar el desarrollo del conocimiento y sus beneficios, pero cualquiera puede confirmar su parcialidad. La racionalidad como método nos agrega años y calidad de vida, pero es sólo una de las facetas humanas. La faceta mágica y la faceta dogmática nunca desaparecieron del ser humano por el solo desarrollo de “lo racional” y sus provechos.

Solucionar la hiperpoblación mundial con guerras y epidemias provocadas es racional. Tiene claros el objetivo, los medios y las posibilidades. Pero nos parece irracional, aberrante. Aquí no está cuestionada la racionalidad del planteo o del método para lograrlo, sino su componente valorativo… moral, como suele decirse. Muchos países que envían cohetes a la Luna, tienen altos porcentajes de desnutrición en su población… El valor del “pase” de un jugador de fútbol daría de comer a muchos por años. Y esto complejiza el análisis.

Entonces, ¿de qué animal racional hablamos?





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