Una nueva Copa América nos sienta a hablar con nuestro último DT campeón sobre esta era maldita de la Selección.


El 4 de julio de 1993 la Selección mayor argentina ganó su último título oficial. Ya pasaron 25 años de aquella tarde en el estadio Monumental de Guayaquil en la que, con dos goles de Batistuta, nuestros muchachos alzaron la Copa América. Allí, del lado de afuera de la línea de cal, Alfio Basile fue el último técnico que gritó campeón antes de que se iniciara esta especie de era maldita en la que la Selección –el mayor orgullo y dispositivo de unidad de los argentinos– no fue capaz de alcanzar la cima de un torneo con mayúsculas.

Un cuarto de siglo más tarde (¡un cuarto de siglo!) y nueve directores técnicos después, una nueva edición de la Copa América que acaba de comenzar en Brasil abre otra vez la posibilidad de acabar con el conjuro. Y las miradas vuelven a posarse, como cada cuatro años, en la figura del tipo que hizo fácil lo que ahora nos parece casi imposible. El Coco no solamente condujo a la Selección a ganar dos Copas América consecutivas (en 1991 y 1993), sino que además lo logró conformando equipos poderosos, de sensibilidad colectiva y buen juego, con los que los hinchas se sentían profundamente identificados.

En 1993, Argentina ganó la Copa América de Ecuador en un gran momento del fútbol nacional de la mano de Alfio Basile.

Imponente zaguero de dos de los equipos míticos de la historia de nuestro fútbol–el Racing de José y el Huracán de Menotti–, Basile representa en muchos sentidos la esencia de lo que siempre fue jugar “a la argentina”, entendida como una mezcla de personalidad, desparpajo y amor propio, muchísimo amor propio. Eso se percibe tanto en lo que fue como jugador como en los equipos que dirigió, pero por sobre todo en una personalidad delineada por la voz ronca, la estampa de tanguero y las frases cargadas de sabiduría barrial. Convocado por Cinzano para ser la cara de su campaña para la Copa América, el Coco se brindó a una charla bien futbolera, en la que se evocaron tiempos pasados y felices marcados aún en la memoria emotiva de los hinchas argentinos.

Coco, la primera pregunta es obvia e inevitable, ¿cuál es la razón por la que hace 25 años no ganamos un título con la Selección mayor?

El tema es que hay que tener tiempo para conocer a los compañeros con los que se juega, para automatizar las cosas, para “ensayar”, como nos solía decir el Flaco Menotti. Pero hoy eso es imposible. A selecciones como la nuestra o la brasileña les cuesta muchísimo reunir a los jugadores para convertirlos en un equipo, es un problema que cada año se hace más profundo.

¿Y cómo fue que vos lo lograste?

Es que yo, en la primera Copa América que dirigí armé una Selección casi absolutamente local; eran contados con los dedos los que jugaban en el exterior. Y eso me permitió trabajar de otra manera y hacer un equipo de verdad. En la del 1993 también eran mayoría los que jugaban en la Argentina, aunque ya no tantos como en la copa de Chile. Y fuimos campeones las dos veces, con buen juego y un gran espíritu de equipo. Pero hoy eso es algo imposible. Aunque te animaras a hacerlo, a los que anden bien se los llevan afuera en dos minutos…

¿Tan diferente era entrenar a la Selección en aquella época?

Y, vos pensá que salvo Caniggia y Simeone, todos los jugadores estaban acá en el país. Empezamos a entrenar juntos en enero y lo hicimos hasta junio, cuando empezó la Copa América en Chile, en 1991. Ahí ganamos casi todos los partidos y fuimos campeones jugando muy bien. No hay mucho misterio, la Argentina siempre tiene grandes jugadores y si tenés tiempo para hacerlos jugar en equipo vas a ser favorito siempre.

¿Cúando crees que aquel modelo comenzó a cambiar?

No pasó mucho tiempo, eh. Fíjate que en la Copa América siguiente, la del 93, ya se me habían ido al exterior ocho jugadores del plantel. La preparación ya no fue igual y, si bien fuimos campeones, el juego no fue el mismo, pese a que teníamos una gran cantidad de figuras.

¿Es posible que podamos recuperar aquella manera de hacer las cosas en la Selección?

Hoy no existe ninguna posibilidad de repetir eso, porque no tenés prácticamente ningún jugador de Selección en el país. Están todos en Europa y eso para la Selección es malísimo. Cada jugador juega con un sistema diferente en su equipo y cuando vienen no hay tiempo suficiente para armar. Especialmente la defensa, que no podés resolverlo sin trabajo sobre la cancha. Porque la Argentina con los jugadores que tiene arriba sabés que goles va a hacer. El tema es que no te los hagan. O que te hagan pocos.

¿Notás que hay muchas diferencias entre los jugadores que dirigiste en los años 90 y los de las nuevas generaciones?

El Cholo, Redondo, Batistuta… eran jugadores de otra época y otra estirpe. Eran más ganadores, más gladiadores, más potentes. Con aquella Selección entrábamos a la cancha y nunca nos fijábamos en el rival –lo que te reconozco que quizás era un defecto– porque teníamos una confianza tremenda en nosotros mismos. Era un plantel muy equilibrado, competitivo, ganador.

Alfio Basile: “Messi es un talento de otro planeta”.

¿Y Messi? ¿Cuál fue tu experiencia con él cuando lo dirigiste en tu segunda etapa al frente de la Selección?

Messi es un monstruo, no sabés el baile que les pegaba a todos en las prácticas. Es un talento de otro planeta. Solo los argentinos somos capaces de criticarlo. Le pedimos que haga todo él solo.

¿Por qué crees que gana todo en el Barcelona?

Porque está bien rodeado, porque hay jugadores y un sistema que le permiten hacer la diferencia como lo que es: el mejor del mundo.

Vos dirigiste a Messi y a Maradora, ¿qué diferencias ves entre ellos?

Maradona y Messi son los jugadores que más me deslumbraron. La diferencia es que uno tiene una personalidad tremenda como el Diego y el otro es introvertido. Pero Messi es un crack. Es un monstruo. Es un extraterrestre. Sigue teniendo la posibilidad de ganar cosas grandes con la Selección, si lo rodean con buenos jugadores y lo acompaña bien el equipo.

¿Pensás en serio que todavía hay chances de que Messi sea campeón con la Selección?

Por supuesto. Este es un karma que se va a terminar tarde o temprano. En estos años merecimos ganar títulos, eh. Llegamos a tres finales, que te aseguro que no es algo nada fácil, que no está al alcance de cualquiera. Pero hubo mala suerte.

Alfio Basile: “Este es un karma que se va a terminar tarde o temprano”.

No es casual que el Coco se refiera a la “mala suerte” a lo largo de una charla. Como tantos en el mundo del fútbol, Basile es “cabulero” hasta el borde de lo inverosímil. Su carrera está llena de anécdotas desopilantes sobre supersticiones de todo tipo, como aquella en la que su amigo y colaborador Rubén “Panadero” Díaz le dejó sin querer una mancha de talco en la espalda al celebrar un gol y el Coco le pidió que siguiera haciéndolo con cada gol hasta el final del campeonato. Al final la cosa dio resultado y Boca, el equipo que dirigían entonces, fue campeón. Y Basile lo atribuyó, en gran parte, a la cábala del talco.

El Coco y otros habituales de su mesa chica en el restaurante porteño La Raya –como Mostaza Merlo y el periodista Horacio Pagani– constituyen un grupo vintage de viejos zorros del fútbol argentino, gente que todavía se ufana de mantenerse fiel a los códigos de siempre y las amistades de toda la vida en plena era de superficialidad digital. La mesa fue perdiendo notables con los fallecimientos de tipos como el Panadero y el mariscal Roberto Perfumo, pero los que están no piensan abandonar la tradición noctámbula de juntarse a recordar historias (muchas de ellas contadas mil veces) sobre tiempos en los que el fútbol solía ser más rudo, pero también mucho más simple y noble.

Todos los que te conocen coinciden en que sos un grandísimo narrador de historias, ¿tenés alguna favorita?

Escuchate ésta… Yo comencé a dirigir a San Lorenzo y en uno de los primeros partidos entro al vestuario y veo que por ahí andaba un cura. Le pregunto a Fernando Miele, el presidente del club en aquel momento, quién era y me dice: “Es un sacerdote que viene a todos los partidos, bendice a los jugadores y es muy hincha”. Y yo le respondo: “Pero hace mil partidos que pierden, por eso me contrataste. Echalo de acá, por favor, cambiemos la energía”. El cura me miró con una cara tremenda, pero abrió la puerta y se fue. Al final, al partido lo ganamos 4 a 1, todos contentos pero la historia es que en 2013 me encuentro con Miele en un evento, se me acerca y me dice: “¿Te acordás de aquel cura que me hiciste echar del vestuario cuando empezaste a dirigir San Lorenzo?”. “Sí, ¿qué pasa?”, le contesto yo. “Era Bergoglio, es el Papa que acaban de elegir”. No lo podía creer, me quería matar, pero bueh… cosas que pasan. O bueno, que me pasan a mí…

Selección local

Otro mundo, otros tiempos

COPAME263. SALVADOR (BRASIL), 14/06/2019.- Jugadores de Argentina participan en un entrenamiento este viernes al estadio del Barradao, en la ciudad de Salvador (Brasil). EFE/Joédson Alves

Para Basile, la clave de su éxito en la Selección fue poder contar con tiempo y jugadores. En 1991, sólo Simeone y Caniggia estaban en el exterior. El equipo entrenó casi al completo desde enero a junio. Y fue un gran campeón.





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