“En La Sexta vive el que necesita los masajes en las piernas”, reza una de las conversaciones entre los presuntos miembros de una empresa de sicarios en Rosario. La charla registrada se refiere al plan para atacar a balazos a una persona a cambio de $40.000, una de las acciones delictivas atribuidas al grupo que contrató un empresario detenido por mandar a matar a su socio.

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En el diálogo que reveló el Ministerio Público de la Acusación (MPA), uno de los protagonistas advierte que el potencial cliente “tiene para pagar 100 gramos de flores, pero de las piolas”. Mientras preparaban el homicidio de un vendedor de suplementos nutricionales a cambio de medio millón de pesos, los delincuentes analizaban otras alternativas para obtener ingresos.

“Calmate que en estos días me tiene que entrar un poco más de plata”, le dice Germán Roberto Ponce a su interlocutor, quien está alojado en la cárcel. La oferta consiste en cobrar “40 mil (pesos) por tres tiros en las piernas” en la zona de La Siberia.

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Según los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, la discusión sobre las tarifas y la posible balacera involucraba además a Fabio Alejandro Giménez, preso en la Unidad Penitenciaria 3. Escuchas telefónicas y mensajes de Whatsapp lo ubican como quien se encargó de planificar un asesinato encargado por el empresario Lucas Daniel Farruggia, el cual se frustró gracias al seguimiento de los teléfonos en otra causa federal.

Chake

El rol de Giménez para reclutar tiradores a sueldo desde la prisión se descubrió en una investigación sobre narcotráfico y permitió avanzar además en la investigación sobre el crimen de Nicolás Ocampo. Según consta en las conversaciones que obtuvo la Fiscalía más adelante, “Chake” quería “terminar el trabajo que salió mal” cuando el 21 de abril ordenó matar al dueño de una firma que vende suplementos nutricionales en Avenida del Rosario al 2700.

En ese primer ataque a balazos, todo salió mal. El hombre llamado M. resultó ileso al ingresar a la oficina de su negocio y luego detuvieron a Uriel Alejandro Reynoso, acusado de gatillar en la puerta de la fábrica. Ante el fracaso, Giménez insistió en seguir los movimientos de la víctima con sus colaboradores fuera de prisión.

“Ahí lo encontré, miralo si te gusta. Es más fácil éste, me parece”, comentó “Chake” al mandar una foto de otra persona como una contraoferta para Farruggia. Así le propuso a Ponce: “Si les sirve, matamos al hermano”. De esta manera, pensó en ordenar un segundo crimen durante el velatorio.

Las tareas de inteligencia incluyeron fotos de ambas víctimas, de sus domicilios y hasta el auto del primero de ellos. Giménez incluso le advirtió a su interlocutor: " Esto lleva tiempo y plata y lo tengo que caminar a full”. Sin embargo, su cliente no accedió a matar ambos.

Amigo loco

Dentro de la hipótesis del MPA, Ponce figura como el intermediario entre los tiradores y quienes los contrataban. En el teléfono de Farruggia, aparecía agendado como “Amigo loco” y con la misma foto de perfil de su cuenta de Facebook.

Los investigadores sospechan que hay conexiones entre estos delincuentes y otro preso que también encargaba balaceras desde el penal de Piñero, al cual Giménez se refiere en una de las conversaciones. Por lo pronto, establecieron que el empleado de la empresa Catering Gourmet fue el encargado de mediar entre las partes tanto en lo que respecta al pago como al plan de acción que acabó por naufragar.

En la negociación para ejecutar el crimen, Ponce fue enfático cuando Giménez le propuso matar al hermano de M. para tender una emboscada en el velatorio. “El ‘Barba’ no me sirve, hay que caminar al otro”, le señaló a la hora de describir físicamente al otro posible objetivo.

El cliente

La investigación de los fiscales Edery y Schiappa Pietra señala a Farruggia como un empresario que contrató a delincuentes para “eliminar a la competencia”. M. había trabajado con él en la firma Nutrilab hasta que decidió abrir un negocio propio y afirmó que a partir de allí había sido amenazado de muerte en diferentes oportunidades.

El último encontronazo fue el jueves 6 de mayo, cuando la víctima se encontró con su exempleador al volante de su auto en Alto Rosario Shopping. “Había un Mercedes-Benz blanco cerca mío. Miro y me doy cuenta que era él”, declaró ante la Justicia. De acuerdo a su relato, el conductor aceleró para intentar chocarlo dos veces antes de huir.

La hipótesis del MPA es que Farruggia llegó hasta allí gracias al aviso de los sicarios que iban siguiendo al otro conductor en su auto rojo. Sin embargo, también presumen que trató de perjudicar a otros competidores del rubro de los suplementos alimenticios.

En un diálogo posterior el empresario imputado le apuntó a Ponce la tienda Nutrigo!, ubicada sobre Corrientes y 3 de Febrero. La negociación arranca con “30 palos” a cambio del robo y destrucción del local en pleno centro rosarino. El intermediario incluso ofrece prender fuego el comercio. En otra conversación, su cliente también le solicita que le pongan “clavos en las dos ruedas de atrás” para realizar otro “trabajo” a cambio de dinero.