La tasa de consumo de tabaco en adultos viene descendiendo de modo sostenido en el país.


La epidemia de tabaquismo es un problema internacional con consecuencias sanitarias, sociales, económicas y ambientales devastadoras. El tabaquismo es responsable de unas 7 millones de muertes anuales a nivel mundial, y de costos sanitarios y ambientales que, en general, exceden las recaudaciones fiscales por los impuestos al tabaco.

En Argentina, la prevalencia de consumo de tabaco ha sufrido un descenso en los últimos años, como consecuencia de la puesta en marcha de políticas públicas de control de tabaco. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), que el Ministerio de Salud de la Nación realiza periódicamente junto al INDEC desde el 2005, la tasa de consumo de tabaco en adultos viene descendiendo de modo sostenido en el país. Mientras que en 2005 la prevalencia de fumadores era de 29,7%, en 2018 era del 22,2%.

A pesar de la tendencia descendente del consumo de tabaco, la prevalencia de fumadores es aún muy elevada en la Argentina y es una de las más altas en la región, por lo que las políticas deben ser profundizadas. Además, preocupa el hecho de que la epidemia de tabaquismo se desplaza hacia las mujeres, que hoy fuman más que los varones en edades tempranas, y se desplaza a edades cada vez más jóvenes, encontrando en la actualidad que la edad de inicio del consumo son los 12-13 años.

También ha disminuido la frecuencia de exposición al humo de tabaco ajeno. Sin embargo, datos del 2018 muestran que un 25% de personas siguen estando expuestas al humo de tabaco en los hogares y 21% en los lugares de trabajo. El humo del tabaco contamina los ambientes cerrados ya que contiene más de 7000 sustancias químicas, 69 de las cuales pueden producir cáncer. Aunque el humo puede ser invisible e inodoro, puede permanecer en el aire días, meses y hasta años exponiendo a las personas a un gran número de sustancias tóxicas.




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