Sin dudas el amor, la empatía y la solidaridad son los antídotos contra la pandemia y todos sus efectos que vivimos hace más de un año en todo el mundo; y así lo entiende Cristina Sánchez, docente jubilada de La Paz y abuela de Hilén, una niña de 5 años que ante la imposibilidad de asistir de manera presencial a su jardín tiene la fortuna de que sea su propia abuela la que le dicte clases en un sector de su casa especialmente acondicionado a modo de aula. “Mi madre, a manera de juego, volvió a su rol de docente con muchísima vocación y mi hija feliz, su rostro lo dice todo. Se lo toma en serio y tiene unas ganas locas de aprender. Esas ganas y entusiasmo que tiene cada día por volver a su jardín, situación que la veo muy lejana”, cuenta a Vía Paraná Yemina Visiconte, la mamá de la pequeña que desde el 14 de mayo no asiste a su jardín debido a la emergencia sanitaria por Covid.

Consciente de que “va a ser un salto demasiado brusco empezar primer grado el año que viene sin tener aunque sea una base de las nociones mínimas de su etapa”, la familia pensó y diseñó casi sin querer la dinámica. “Hilén extraña aprender y poder expresarse, por eso tomamos la iniciativa de adaptar un espacio en casa para darle actividades una o dos horas los días de semana; tratando de respetar sus horarios de la vida escolar”, expresa Yemina.

El ‘aula’ hogareño no solo tiene pizarrón, mesa y silla; sino también un pequeño mástil donde cantan e izan la bandera, “en los horarios de ‘clase’ a su abuela le tiene mucho respeto, para ella es su Señorita; y cada cosa nueva que aprende la llena de orgullo a mi mamá”, expresa con emoción la madre de Hilén. “También comparten el momento de la merienda, hay espacio para el aprendizaje y la creatividad”, agrega.

Hilén junto a su abuela Cristina comparten actividades, la merienda e incluso el izamiento de la bandera.Facebook Yemina Visiconte | Facebook Yemina Visiconte

La pequeña con responsabilidad y dedicación se toma la actividad como una rutina, cada día se levanta temprano, mira un ratito de tele, desayuna y luego sale hacia su ‘escuelita’ donde la espera su abuela. “No le importa que el día esté gris y con llovizna, ella ama ir a aprender con su ‘señorita’ (su abuela) esto que comenzó como un juego ella lo ve como algo súper serio”, reconoce Yemina.

Quizás el dato que corona esta historia y la cierra de manera especial es que el guardapolvo que usa Hilén en las clases con su abuela es el mismo que usaba hace 24 años Yemina, su mamá.

Un día la pandemia, el confinamiento y las restricciones van a ser pasado, pero en la memoria y en el corazón van a quedar los recuerdos de estos actos de amor que demuestran que hay otras maneras de atravesar las circunstancias que nos tocan vivir pensando siempre en quienes más lo necesitan.