La disculpa profesada por los hijos de una víctima hacia el asesino, permitieron que éste viera reducida su condena que, en principio, iba a ser de cinco años.


Elvira era una octogenaria que murió luego de ser atropellada por Gonzalo en plena vía pública durante el año 2015. En lo que es un caso poco usual, uno de los hijos de la anciana le brindó su perdón, motivo por el cual las autoridades judiciales le redujeron la pena.

Eso fue lo que pasó el lunes en un juicio en Necochea. Mario Juliano, a cargo interinamente del juzgado correccional de la ciudad bonaerense, estaba por definir la sentencia cuando observó que este caso era diferente a todos en los que intervino en 21 años en el Poder Judicial: el acusado había reconocido su culpa por la muerte de la anciana, pero no paraba de llorar.

De acuerdo a la opinión del juez interviniente, el implicado de asesinar a Elvira “estaba muy acongojado”, llamando la atención del letrado. Continuó diciendo que “Nadie discutía lo que había pasado sino cuál sería la pena”. Al respecto, los hijos de la víctima querían que “Gonzalo fuera preso a la cárcel de Batán”, pero el juez Juliano se había percatado de que el imputado “estaba hablando con el corazón en la mano”. Este pensamiento se le presentó al juez luego de haber llamado a un cuarto intermedio.

Los hijos de Elvira, de nombre Sergio y Daniel, recordaban con ingratitud el episodio según el cual Gonzalo atropelló con su moto a la anciana, si bien éste permaneció todo el tiempo en el hospital deseoso de ver recuperada a su víctima, quien finalmente falleció.

Mortificado por el destino que le aguardaba ante la Justicia, Gonzalo no podía emitir palabra alguna en la audiencia final. El veredicto que podía tocarle en suerte era el de homicidio culposo agravado y con una pena de 5 años de prisión.

La intervención del juez Juliano para que los abogados de ambas partes llegaran a un acuerdo, previa solicitud pedida al fiscal Eduardo Núñez, hizo que la sentencia se reduzca a tres años de ejecución condicional más la imposibilidad de manejar por el mismo tiempo. No hubo objeciones.

Sin embargo, aún faltaba un momento por demás curioso para la conclusión de este caso, y fue cuando uno de los hijos de Elvira se acercó al acongojado motociclista, lo abrazó y le dio su perdón.

A la salida del proceso, el juez Juliano les pidió a los tres disculpas por los casi cinco años de demora por el proceso penal ante un caso que no necesitaba más tiempo de investigación.



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