La defensa del imputado quiere demostrar que Yamil no participó del asesinato.


Yamil Rosales empezó siendo un total desconocido en la Justicia, luego se convirtió en un testigo clave y finalmente se transformó en uno de los acusados del caso Aliaga.

El imputado tiene 32 años y un puñado de antecedentes por delitos menores. Desde su entorno aseguran que nadie podía imaginar que iba a terminar involucrado en la muerte de Diego Alfredo Aliaga (51), el hecho policial más resonante en los últimos años en Mendoza.

Fue buscado por el fiscal federal Fernando Alcaraz ya que tenía relación con los cuatro detenidos en el expediente, la familia Barrera. Yamil Rosales había trabajado como guardia de seguridad en un boliche y en el último tiempo trabajaba en la empresa de transporte escolar que lideraban Diego Barrera y Bibiana Sacolle. Sin embargo, la ubicación del teléfono celular de Rosales comenzó a comprometerlo en el caso Aliaga ya que realizó movimientos similares al resto de los sospechosos durante las últimas horas con vida del empresario.

Yamil optó por ayudar en la investigación. Primero brindó el dato de que el cadáver de Aliaga se encontraba en un parador ubicado en la zona de La Crucesita, en las inmediaciones de Blanco Encalada. En ese terreno, cuyo propietario también tiene a su nombre la casa en el barrio Palmares donde vivía Diego Aliaga, se realizó un amplio rastrillaje con resultado negativo. Luego, Yamil Rosales aportó que los restos se encontraban en un descampado ubicado en Costa de Araujo, Lavalle. Ahí fue encontrado el cadáver de Diego Aliaga en la noche de jueves pasado. Al día siguiente, Rosales fue formalizado en la causa.

Fuentes ligadas al expediente detallaron que fue indagado como coautor por secuestro extorsivo agravado por producir la muerte de la víctima, un delito que prevé prisión perpetua.


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