Diego Correa viajó a Mar del Plata por un trabajo temporal y quedó varado por la pandemia.


La pandemia trajo aparejada historias de distintos argentinos varados en el mundo, con la necesidad de regresar a su hogar en un panorama poco alentador para muchos. En esta oportunidad se trata de un joven de 23 años que está en el país y necesita regresar a Mendoza.

Diego Correa es mendocino y viajó a Mar del Plata por un trabajo temporal, pero por el coronavirus no pudo regresar a su casa ubicada en Maipú. Su situación es un tanto especial, ya que sufre una cardiopatía congénita que requiere ciertos cuidados, no tiene obra social y se hospeda en lo de una compañera de trabajo porque no tiene dinero.

Me vine en diciembre a trabajar por la temporada. Terminó en marzo y decidí quedarme porque conseguí otro trabajo”, explicó Diego en diálogo con Los Andes. El joven maipucino perdió ese segundo trabajo y quedó varado en “La Feliz” desde el 19 de marzo y pronto tendrá que dejar la casa en la que vive porque a su amiga se le vence el contrato. 

Hasta el momento, ninguno de sus esfuerzos por regresar a la provincia funcionaron. Según relató, intentó comunicarse en reiteradas oportunidades con referentes e instituciones de la provincia, pero obtuvo pocas respuestas. Incluso, perdió un colectivo con destino a Mendoza, porque le avisaron a último momento y por las distancias no llegaba a tomarlo a la Ciudad de Buenos Aires. 

“Había un correo que era varadosmendoza.com, en el que tenías que detallar tu situación en el caso de no contar con un vehículo particular para regresar. A ese correo he enviado varias veces correos y me han contestado, pero lo único que me dicen es que tenga paciencia y que el Gobierno Nacional estaría a cargo de ponernos un colectivo”, comentó Correa. 

Diego Correa, mendocino varado en Mar del Plata. Foto: Instagram.

El joven varado habló acerca de una enfermedad congénita, la que tiene controlada, pero que le preocupa en caso de que algo le ocurriera. “Tengo una complicación cardíaca llamada válvula aórtica bicúspide, algo que no me incapacita para trabajar o trasladarme, pero sí lo tengo que tener controlado anualmente. Es una enfermedad congénita que me descubrieron a los 12 años. Acá no tengo obra social y no podría hacerme un control ni un seteo de nada en caso de que lo necesitara. Es algo que cualquier cosa lo puede agravar, como tener caries o alguna bacteria que ingrese y que no esté controlado”, indicó. 




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