Los jubilados y jubiladas que viven en el barrio PAMI “Teniente General Juan Domingo Perón”, de Villa de Mayo, en el partido de Malvinas Argentinas, denuncian abandono a nivel sanitario y social. Aseguran que esta situación lleva años y reconocen que la falta de un lazo comunitario entre los vecinos hace más difícil visibilizar la falta de políticas públicas y reclamar acciones concretas a las autoridades nacionales, provinciales y municipales.

Este medio habló con gran parte de los vecinos del barrio. Entre ellos, Enrique, Rita, Nidia y Marisa (los llamaremos así porque no quieren dar a conocer su identidad por temor a que alguien “tome venganza por las denuncias”), que viven allí hace años, piden ayuda urgente para poder sostener las viviendas que llevan años sin mantenimiento. También reclaman mejoras en la atención de la salud – afirman que en ocho meses de cuarentena no llegó al barrio ningún operativo de control médico - y presencia policial en la zona.

Servicios e infraestructura

Enrique vive en el barrio hace 11 años y le preocupa que las casas se deterioren cada vez más. “Cuando llueve se filtra el agua por las canaletas y cae en la cocina, el baño, el dormitorio y el comedor”, explica y cuenta que lo mismo le está pasado a la mayoría de los vecinos desde que “reemplazaron la membrana de aluminio que había por una pintura verde que no duró nada”. Antes de la pandemia, “vino un arquitecto para solucionar el problema pero no apareció nunca más”, recuerda. “Claramente habrá sido un negocio de algún funcionario de PAMI”.

Al igual que en muchos lugares del partido, en este barrio no hay agua corriente ni cloaca. Esto último en particular es un dolor de cabeza para los vecinos porque se hace necesario desagotar el pozo muy seguido. “Los de PAMI no vienen. La encargada de Viviendas no se acerca hace mucho ni atiende el teléfono. Me cansé de llamarla para que vengan a desagotar el pozo hasta que finalmente llamamos nosotros a un camión atmosférico”, explica Enrique.

“Hay un abandono total tanto de las viviendas como humano. Están los pozos de las casas desbordados y la gente de PAMI que está encargada del barrio no nos responde el teléfono. Por otra parte, si no pagamos, no nos cortan el pasto”, cuenta Rita, que vive en el barrio desde que se inauguró, en 1989 y aclara que “el abandono es previo a la pandemia”.

De las 82 casas que conforman el barrio, alrededor de 25 están desocupadas, según el cálculo de los vecinos. “La gente fue falleciendo y nunca más entregaron esas viviendas”, cuenta Enrique. “Las casas desocupadas también están deteriorándose y no sé por qué no las otorgan”, piensa Nidia, que vive en el barrio hace 15 años con su hija, que es la beneficiaria.

Atención de la salud

En cuanto a la atención de la salud, “ante una urgencia, uno no sabe adónde ir”, dice Marisa, y comparte la experiencia de una vecina que tiene una enfermedad renal crónica. Ante un sangrado, se dirigió a la salita barrial más cercana y le dijeron que no podía ingresar, le indicaron que se levantara la remera en la vereda para que el enfermero pudiera verla por la ventana.

“Las salitas son solamente para curaciones. Tenemos el médico de cabecera de PAMI que viene una vez a la semana al barrio pero solamente hace recetas. En el (Hospital de) Trauma es muy difícil conseguir turno y además el mismo médico de cabecera nos aconseja que no vayamos por el riesgo a contagiarnos coronavirus”, resuma Rita.

Por otra parte, asegura que en toda la cuarentena no se realizaron controles de sintomatología en el barrio, ni por parte del PAMI, ni del Municipio. “Nadie del PAMI se ocupó en estos ocho meses de venir a ver si había algún abuelito enfermo. Ni siquiera el médico de cabecera nos toma la temperatura, en el único lugar donde me toman la temperatura es en el supermercado cuando voy a comprar”.

Seguridad y acompañamiento

Si bien en la entrada del barrio, hay una garita de seguridad, con un agente policial, los abuelos y abuelas aseguran que no alcanza. “Hay robos como en todos lados. Aunque hay un policía las 24 horas, no puede salir a la calle porque el seguro no lo cubre. Desde que el Municipio abrió una calle en la parte de atrás, el barrio está más inseguro”, dice Enrique.

“Hay seguridad adelante para que no usurpen las casas pero si llamas porque te están robando no te responden el teléfono”, asegura Rita, cuya casa da a la nueva calle y por una ventana trasera ya entraron a robarle. “Estoy desamparada total”, resume.

Reclaman arreglos en los techos porque cada vez que llueve entra agua a las casas.Gentileza vecinos barrio pami

Cuenta que le ha dejado mensajes al intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, en las redes pidiéndole que visite el barrio y “que no se olvide de nosotros”. Y agrega: “Que no se olvide que el barrio se llama Juan Domingo Perón, él que es peronista”.

Los vecinos reclaman también al Municipio más acciones de acompañamiento a los adultos mayores en estos meses de aislamiento. “Sería muy importante que el Municipio organice algún tipo de ayuda para hacer compras comunitarias y resolver trámites. Yo tenía una deuda de gas que quería pagar y no pude hacerlo porque en estos meses de cuarentena no me atendían en ninguna oficina. Finalmente me cortaron el gas”, cuenta Nidia.

Vínculo comunitario

Según informa PAMI, se contempla a las personas afiliadas “el otorgamiento de una vivienda en comodato, proponiendo una estrategia de fortalecimiento del lazo social y las relaciones solidarias a través de la intervención comunitaria”. No obstante, los vecinos coinciden en que “PAMI está ausente y cada uno se las arregla como puede”, en palabras de Nidia.

Según el testimonio de los abuelos, hay personas viviendo en el barrio que no son beneficiarias.Google maps

A su entender, la parte comunitaria “está fallando” y “falta algún protocolo para acompañar a los más viejitos que están solos”, ya que “lamentablemente hay personas se aprovechan de los abuelos que no tienen familia”. Enrique, Nidia y Rita cuentan historias que se repiten: “Hay personas en el barrio que se ponen como apoderados de los viejos para chuparles las jubilaciones y cuando fallecen se quedan con todas sus cosas”, explica Enrique y cuenta que le gustaría “hacer una denuncia ante algún organismo de Derechos Humanos”.

Además, coinciden en que la falta de un vínculo comunitario atenta contra la calidad de vida en el barrio. Por un lado, porque se ha perdido la figura del administrador, que era un vecino que se elegía como una especie de delegado y se encargaba, entre otras cosas, de cobrar las expensas y repartir la correspondencia. Por otro lado, porque se hace más difícil que las injusticias y los reclamos sean escuchados.