Por Irene Ballatore*


Es un hecho significativo de la historia que los jujeños hayan elegido a Manuel Belgrano como “su” prócer y la figura más inspiradora de su pasado, y es así aún cuando el tiempo que pasó en Jujuy fue breve, aunque intenso y plagado de sinsabores e incertidumbres.

Fue en Jujuy y con Jujuy donde Belgrano, hijo de Buenos Aires, vivió momentos cruciales de las luchas por la independencia y así como la historia de Jujuy no se podría narrar sin el prócer, la vida del creador de la Bandera no podría contarse sin los tiempos de sacrificios y felicidad que compartió con los jujeños.

El retrato del general Belgrano realizado en 1815 por el francés Francois-Casimir Carbonnier fue expuesto en Jujuy años atrás en el Salón de la Bandera de la Casa de Gobierno.

Líder de la revolución de independencia que derrumbó el poderío español en el Virreinato del Río de la Plata para dar paso a una nueva nación, Belgrano fue el conductor del Éxodo Jujeño en 1812, acción que dio a la Patria naciente las oportunidades de los triunfos de Tucumán y Salta y con ellos la salvación del movimiento revolucionario que después de la derrota de Huaqui parecía perdido.

Testimonios de la época coinciden en señalar que en los días de desilusión, odio y miedo del Jujuy de 1812, con su carisma y respeto Belgrano -todo un forastero en estas tierras- animó el espíritu de gran parte de los jujeños entusiasmándolos en la justicia de la causa patriota y transmitiéndoles la esperanza en un nuevo orden basado en la libertad y la igualdad.

La proclama pronunciada en la plaza de Jujuy el 25 de mayo de 1812 al hacer jurar por primera vez la enseña por él creada, no deja dudas acerca de su convicción respecto del objetivo de la independencia y de la ruptura con un pasado plagado de opresión e injusticia para los americanos.

Estampilla conmemorativa del bicentenario del Éxodo Jujeño.

La decisión de no dejar abandonado a Jujuy al furor de los realistas en aquellos días de 1812 es otro de los gestos del prócer que ha contribuido a la formación del profundo vínculo con los jujeños. La orden de “tierra arrasada” y retirada que el gobierno de Buenos Aires había impartido no incluía el desplazamiento de los civiles junto al Ejército.

Las comunicaciones de Belgrano con las autoridades de Buenos Aires dan cuenta de su postura totalmente contraria a abandonar a los pueblos a las represalias del partido realista y es indudable que ese criterio fue el que hizo primar al momento de abandonar Jujuy ante la inminente llegada del invasor, aun cuando la decisión en ese sentido implicara mayores esfuerzos y complicaciones en tan difíciles momentos.

Luego de las victorias de Tucumán y Salta, en 1813 Manuel Belgrano está nuevamente en Jujuy alistando a su ejército para luchar contra los realistas en el Alto Perú.

Estatua realista del creador de la Bandera, emplazada en el parque “Gral. Manuel Belgrano” de Alto Comedero, en San Salvador de Jujuy.

Muchos de los emigrados de 1812 pueden volver a su tierra y con la tranquilidad de los invasores expulsados, Belgrano se da un tiempo para expresar su afecto y reconocimiento al pueblo jujeño a través de dos formidables obsequios: la donación de parte del premio que le había otorgado la Asamblea del año XIII para la dotación de una escuela de primeras letras y la Bandera Nacional de nuestra Libertad Civil en distinción al honor y el valor demostrado por los hijos de Jujuy en aquellos triunfos.

Los miembros del Cabildo de Jujuy afirman que reciben el obsequio “con el importantísimo y laudable objeto de que se eternice tal digna memoria e igualmente sea reconocido tan digno Jefe por un héroe que le bendecirá la posteridad…”.

El hecho que esa enseña y el escudo que hizo pintar el prócer para la escuela que dispuso se fundase en Jujuy se hayan conservado desde hace más de doscientos años, sobreviviendo a toda clase de vicisitudes, es una prueba del valor que los jujeños dieron a esos gestos.

La Bandera Nacional de nuestra Libertad Civil, enseña que el general Belgrano legó al pueblo jujeño el 25 de mayo de 1813.

A partir de las graves derrotas de Vilcapugio y Ayohuma en 1813, el vínculo de Manuel Belgrano con los jujeños se vuelve más distante por imperio de las circunstancias pero sigue presente. A comienzos de 1814, el general, vencido en el Alto Perú, pasa por suelo jujeño en su marcha a Tucumán con los restos del ejército, donde entregará el mando del ejército a José de San Martín.

Mientras tanto, los jujeños, otra vez invadidos por las tropas virreinales, abandonan por segunda vez la ciudad en un éxodo espontáneo.

En esas dramáticas instancias, la Bandera Nacional de la Libertad Civil es puesta a salvo, siendo enviada a Tucumán para que no cayera en manos de los realistas.

En 1815, el Cabildo de Jujuy iniciará gestiones ante el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, para hacer regresar la enseña obsequiada por Belgrano a fin que engalanara la fiesta patria con motivo del 25 de Mayo.

Monumento al general Manuel Belgrano ubicado en la plaza central de San Salvador de Jujuy.

La divisa se encontraba guardada en una caja de madera junto a documentos del archivo jujeño, en una casa de San Miguel de Tucumán. Los términos del agradecimiento al gobernador Aráoz por el rápido envío de la bandera dan idea de los sentimientos de los jujeños: le agradecen por el “servicio a la Patria” realizado.

Nuevamente designado como jefe del ejército patriota a fines de 1816, Manuel Belgrano vuelve a tomar contacto con jujeños pero desde Tucumán, donde por disposición del gobierno central están acantonadas y permanecerán en ese estado hasta 1819.

Sin recursos, es poca la ayuda que puede brindar en la resistencia a los realistas, que no abandonan la idea de reconquistar por los medios que sea estos territorios para la corona española. Sin embargo, la abundante comunicación con el gobernador de Salta, Martín Miguel de Güemes, da cuenta que Belgrano no se desentendió de la lucha por mantener la independencia que proseguía en Jujuy, Salta y el Alto Perú.

Cada 22 de agosto por la noche, se recrea en Jujuy la dolorosa partida del pueblo, conmemorando el inicio del glorioso Éxodo Jujeño.

El respeto ganado por su intachable patriotismo lo convertirá en moderador de las tensiones que ya se manifestaban entre los líderes regionales y que sumergirán a las provincias en la anarquía a partir de 1820.

Atento a los hechos, aparece realizando gestiones e instando a que Buenos Aires y los demás pueblos de las Provincias Unidas manden la ayuda que se necesita. Es por su iniciativa que el coronel Manuel Eduardo Arias, junto a los otros héroes de la victoria de Humahuaca del primero de marzo de 1817, son condecorados por el gobierno de Buenos Aires.

Un espíritu que no se fue

El alma de Belgrano no desapareció de los sentimientos jujeños, ni aún con la muerte del hombre. Es notable que a lo largo del siglo XIX y comienzos del siglo XX aparezcan proyectos e iniciativas que buscaban perpetuar su memoria, cuidar su legado o cumplir con su voluntad, antes que el Centenario de la Bendición y Jura de la Bandera Nacional de 1912 pusiera la atención en la figura del conductor del Éxodo.

La epopeya liderada por el general Belgrano es recordada en las escuelas realizando marchas evocativas que rinden homenaje a los jujeños de 1812.

Es el caso de la escuela de primeras letras para los niños de Jujuy que Manuel Belgrano dispuso se creara con parte del premio otorgado por la Asamblea General Constituyente en 1813 por los triunfos de Tucumán y Salta. La consecución de esa escuela pasó por toda clase de inconvenientes y recién se pudo materializar en 1825 para tener una efímera existencia por la falta de recursos.

Sin embargo, el sueño de la escuela no expirará y aparecerá en la agenda de los gobiernos como una deuda dolorosamente pendiente con el prócer y con la infancia jujeña. Una expresión de esos sentimientos fue la creación de la Escuela N° 1 “General Manuel Belgrano” en 1896, por iniciativa del gobernador Manuel Bertrés, quien en el decreto de creación dispuso que la institución llevara el nombre del prócer, poniendo de relieve la “deuda de gratitud” que Jujuy mantenía con el patricio por no haber podido mantener vivo aquel su noble deseo.

El general Belgrano pidió al canónigo Gorriti que bendiga la Enseña Nacional, el 25 de mayo de 1812, en Jujuy.

No es ajeno a esta conexión entre Belgrano y Jujuy que las primeras mujeres jujeñas que aparecen participando de una iniciativa política lo hacen en 1906 gestionando autorización de la Legislatura para que se construyera un monumento al conductor del Éxodo.

También habla de esta relación especial el enriquecimiento como símbolo de la Bandera de la Libertad Civil que se llevó a cabo a lo largo de dos siglos y que marcó una trayectoria de reconocimientos y homenajes hasta convertirla en la representación de las glorias de Jujuy que hoy encarna.

(*) Periodista jujeña y profesora de Historia




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