INTERNET

La web sabe todo sobre vos

por Felicitas Carrique

Cada vez que navegamos, nuestra intimidad y gustos quedan en manos de otros. Cuando usamos una computadora, vamos dejando un rastro, una suerte de huella digital que permite construir nuestra identidad. Cada vez es más fácil que las empresas y gente que no conocemos (desde tus jefes en el trabajo y viejas relaciones hasta potenciales criminales) accedan a tus datos y tu intimidad.  

Cada vez que publicamos una foto en Instagram, le damos me gusta a una serie o película en Netflix, seguimos algo en Facebook, prendemos el GPS del celular para ubicar una calle, usamos un hashtag en Twitter, etiquetamos a un amigo en una publicación o utilizamos un buscador para averiguar sobre un producto que nos interesa, decimos mucho más acerca de nuestra vida de lo que nos imaginamos. Cuando usamos una computadora, vamos dejando un rastro, una suerte de huella digital que permite construir nuestra identidad.

Lo sorprendente es que gran parte de la información sobre nosotros que circula en la web la entregamos voluntariamente, consciente o inconscientemente. Agustina Callegari, responsable de capacitación del Centro de Protección de Datos de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires (CPDP), afirma que en Internet también figuran datos sobre nosotros que comparten otros como las fotos con amigos que suben ellos a las redes o bases de datos, privadas o públicas, en las que figuramos como el padrón electoral.

Federico Kirschbaum, CTO en Infobyte Security Research y fundador de Ekoparty, la conferencia de seguridad informática más importante de Latinoamérica, explica que todo lo que publicamos en Internet se puede hallar y que no es tan complicado encontrar bases de datos. “Que alguna persona obtenga tu domicilio o tus datos del padrón, es muy fácil: solo hace falta saber navegar y buscar páginas web”, enfatiza.

“En las redes sociales hacemos todo lo que nos dijeron que no teníamos que hacer cuando éramos chicos. Cuando nos vamos de vacaciones, lo primero que hacemos es poner en una foto del lugar donde nos vamos por una cuestión de status social pero, en realidad, lo que estamos diciendo es que no vamos a estar en casa por 15 días”, dice el especialista en seguridad informática y agrega: “¿Un secuestrador virtual, qué tiene? Internet, una guía y un poco de chamuyo”.

No es necesario que nuestra relación con internet acabe en extorsión, pero los criminales no son los únicos interesados en nuestros datos. Distintas empresas o compañías de Internet se nutren de los datos que vamos dejando cuando usamos nuestros dispositivos personales para hacer enormes negocios publicitarios.

El producto sos vos

Internet no borra nada. Todos los datos que voluntaria o involuntariamente volcamos en la nube, quedan para siempre.

Natalia Suazo, periodista especialista en comunicación digital y autora de Guerras de Internet, explica que el modelo de negocios de internet es ofrecer servicios en apariencia gratuitos a cambio de datos personales que se procesan y se utilizan comercialmente. Las empresas venden espacios de publicidad diferenciada en sus sitios en base a los datos que nosotros brindamos.

La excusa es que de esta forma las personas reciben material relevante para ellos, sin embargo, que los sitios nos muestren solo aquella información que es adecuada a nuestro perfil quiere decir que no recibimos otro tipo de información que otros sí reciben.

“Cedemos nuestra información a estas empresas voluntariamente a cambio de un beneficio. El beneficio es, por ejemplo, un descuento, una aplicación que te ayuda a ubicar una calle o compartir algo que querés”, dice la autora de Guerras de Internet y plantea que “cuando subimos una foto importa lo que uno escribe, la persona que etiqueta, los hashtags que usa, la ubicación es tomada por geolocalización porque toda esa información construye un perfil comercial. Lo mismo sucede con las aplicaciones que descargamos a nuestro celular.

Facebook sabe nuestro sexo, edad, religión, nacionalidad, lo que nos gusta o lo que nos es indiferente. Google sabe qué buscamos, cuándo lo buscamos, cómo lo buscamos, además de los datos que obtiene a partir del sistema operativo Android, que en Argentina es utilizado por el 75 por ciento de los usuarios de smartphones, según reveló una encuesta realizada por E-marketer.

“La empresa de publicidad más grande del mundo es Google, todos los servicios que construyó a su alrededor, como Gmail, son meramente una captura de datos para presentarle a anunciantes segmentos de población para publicidad muy dirigida”, explica el fundador de la Ekoparty. Suazo agrega que el negocio de Facebook es el mismo: “Vende publicidad bien segmentada y utiliza como fachada la red social”.

Pero, ¿por qué aceptamos el uso indiscriminado de nuestros datos? El 75 por ciento de los jóvenes entre 13 y 25 años jamás leyó una política de privacidad completa según reveló una encuesta llevada a cabo por la CPDP.

“Por lo general, nadie lee los términos y condiciones de las aplicaciones que descarga o de los sitios en los que navega. Hay ciertas condiciones que conocemos y aceptamos conscientemente, pero también hay cláusulas que desconocemos”, resalta Natalia Suazo.

Por ejemplo, Eduardo Peduto, director del CPDP, remarca que “tanto los buscadores como las redes sociales en los Estados Unidos están obligadas a proporcionar los datos personales que recaban a requerimiento del Gobierno de ese país, sin importar de dónde sean las personas titulares”.

Facebook estuvo, en los últimos meses, en boca de todos los especialistas tras el escándalo de Cambridge Analytica. Más allá de las causas judiciales que llevaron el cuestionamiento del uso de datos de usuarios sin su consentimiento al mismísimo Congreso de Estados Unidos, también llevó a reflexionar acerca de la cantidad de información que se les cede, con mayor o menor grado de conciencia, a esta y a otras redes sociales.

Los peligros del uso de datos quedaron expuestos con el escándalo de Cambridge Analytica. ¿Una nueva toma de conciencia?

No tengo nada que esconder

Nuestro uso de redes también puede afectar nuestra vida cotidiana. Federico Kirschbaum explica que lo que subimos a las redes lo compartimos con grupos de personas completamente diferentes: amigos del colegio, del trabajo, de la universidad, la familia, los vecinos y no nos damos cuenta del impacto que esto puede tener. “Lo que uno publica en internet lo va a leer más gente de la que uno cree, es exponerse”, resalta.

“Una persona llama al trabajo y dice que no va a ir a trabajar porque se siente mal. Ese mismo día publica en Facebook que está en un asado. Ese acto, prácticamente inofensivo, puede hacer que lo echen. Lo mismo sucede con una persona que habla mal del jefe en Twitter y no es consciente de quien puede leerlo. Por más que uno crea que sabe quién ve lo que comparte, si uno tiene más de 1.000 amigos en cualquier red social, no sabe realmente quiénes son”, comenta el especialista.

Federico Kirschbaum agrega que “hay que tener en cuenta que lo que se pone en internet queda en internet, no se puede cambiar, no se puede borrar, no te podés arrepentir, podés borrar tu cuenta pero una vez que alguien sube una foto o dijiste algo, se copia mil veces. Hay que pensar dos veces que es lo que vamos a publicar, quién lo va leer, porque lo va a leer si uno no quiere que lo afecte en el futuro, ya que esa información puede permanecer flotando en el limbo de la web durante muchísimo tiempo. En este sentido, la mejor herramienta que uno puede tener es el sentido común”.

A pesar de los peligros que puede ocasionar, la tecnología ocupa un lugar preponderante en nuestra sociedad. No podemos vivir aislados de los dispositivos que nos conectan con los demás: es prácticamente imposible prescindir del celular o de las herramientas que nos ofrece la tecnología. Pero, eso no quiere decir que tengamos que ceder todos nuestros datos y exponernos a los peligros que eso conlleva, como tampoco permitir que invadan nuestra privacidad.

Algunas herramientas nos permiten ponerle freno a la ola de información privada en Internet. ¿Nos queda algo por esconder?

Es posible frenar la invasiva recolección de datos en internet con ciertas herramientas que permiten restringir la información que brindamos voluntaria o involuntariamente y construir una web que nos conecte pero proteja nuestra intimidad y nuestra identidad.

Lo principal es cuidar la información que vos publicás en internet. Para eso hay tres medidas básicas que tenés que tomar. Además, existen ciertas herramientas para proteger tu identidad en la web.
Un ejemplo de ello es un buen antivirus Los mejores son pagos, como Avira, NOD o Avast, pero existen ciertas versiones gratuitas que pueden funcionar bastante bien. 

Otra herramienta tiene que ver con dejar la menor cantidad de información disponible en la nube: no es la opción más segura para guardar nuestra información. Si no tenemos espacio en nuestro disco rígido, lo más aconsejable es conseguir un disco externo.

Si no queremos, por otra parte, que Google esté al tanto de todos nuestros datos de navegación y nos invada con publicidad excesivamente personalizada que viola nuestra privacidad, podemos utilizar el modo incógnito y eliminar diariamente las “cookies”, o rastros de navegación.