En medio de las audiencias públicas que se llevan a cabo a lo largo de todo el país para modificar la Ley de Discapacidad, la semana pasada fue el turno de la región centro, en la ciudad de Córdoba. Allí, diferentes defensores de esas personas realizaron intervenciones en pos de conseguir cambios en la legislación.

Si bien la audiencia contó con la palabra de múltiples personas, un discurso sobresalió entre los demás: el del padre de Joaquín Paredes (21), un joven cordobés con parálisis cerebral, quien puso en palabras lo que vivió y vive su hijo desde que nació. En cinco minutos, el hombre logró dar su parecer y dejó a la audiencia sin palabras.

Tras relatar algunas injusticias que viven día tras día y sobre las cuales no reciben respuestas acertadas, Federico Figueroa denunció las inmensas dificultades que tiene su hijo para acceder a la salud por ser discapacitado. En este sentido, exigió que las variantes que se efectúen sobre la normativa vigente sean concretos y se respeten.

La intervención completa en la audiencia por la renovación de la Ley de Discapacidad:

“Me llamo Joaquín Figueroa, nací un 9 de septiembre de 2001. Una praxis errónea me produjo hipoxia perinatal y parálisis cerebral nivel dos. Aquello cambió mi vida y las de mis padres para siempre. No puedo hablar, no puedo leer ni escribir en su lengua. Mastico mal. No puedo bañarme ni limpiar mis dientes, algo que mis papas hacen por mí. No sé si ellos lo saben, pero desde que nací los he escuchado lamentarse, discutir, quedarse largas horas en silencio y hasta a veces llorar… Con el tiempo comprendí por qué”, comenzó relatando.

“Tengo otros hermanos, pero ellos son, como decirles… normales… Yo, en cambio, soy discapacitado. No utilizaré la expresión personas con capacidades diferentes o especiales porque tienen un aire condescendiente . Mi padre -que enseña filosofía- me dice que la discapacidad es un modo de ser, diría Aristóteles, no una enfermedad, sino una forma del ser, de la sustancia, de ser persona”, agregó.

Cuando con mi padre salgo a caminar, no puedo dejar de sentir esas miradas compasivas. “Miradas de carita”, como dice mi padre, pero son miradas que lastiman. En el colectivo, cuando hablo (bueno, en realidad emito sonidos extraños, guturales, que solo mi papi entiende- parece que espanto o causo risa… pero yo sé bien por qué”, narró el hombre.

“Quiero contarles algo que me pasó, y es el motivo de nuestra presencia aquí. Un día, mientras comía unos tallarines, me atraganté. Ya les dije que mastico mal, ¿verdad? Me atraganté, luego vomité. La señora que me cuidaba se asustó y de inmediato llamo a mi papá, quien llamó a la emergencia. El servicio médico llegó junto con él. La médica que me atendió, después de verme unos minutos salió pálida de la habitación. ‘Señor, él no habla’, dijo. ‘Sí’, respondió mi padre, ‘es discapacitado, no sé cómo ayudarlo’, repuso la doctora y mi padre la miró en silencio”, contó.

“Hace poco tiempo descubrimos, en plena pandemia, que tenía una carie en mi incisivo… después fueron 4 en total. Como tenemos mutual, fuimos a nuestro centro odontológico. Allí nos dijeron que no atienden a discapacitados. Fue con esas experiencias que descubrimos que conseguir un servicio médico de urgencia para discapacitado o un odontólogo de emergencia es un parto de nalga, para no usar el término correspondiente por cortesía…”, consideró Figueroa.

Federico Figueroa en la Audiencia Pública Nacional por la Ley de Discapacidad.

A veces siento que para muchos somos una carga, una molestia. ¿Será quizás porque muchos no votamos, o que no soy ciudadano con capacidad plena de derecho? Bien, si es así, entonces ¿por qué mejor no dejan de rendir tributo verbal a los derechos y de una buena vez se ponen las pilas?”, se preguntó. “Nosotros esperamos que esta ley cambie las injusticias que a diario vivimos. Pero dependerá de la honestidad intelectual de los legisladores porque si la ley no determina de donde se financia, desde cuándo, ni cuál es el órgano de aplicación, tendrá vicios o lagunas legales que harán imposible su aplicación. Entonces podremos decir: ‘es una buena ley… pero no beneficia a los menos aventajados’”, enfatizó.

“Citando a John Rawls diré: ‘Toda distribución inequitativa está justificada si beneficia a los menos aventajados’. Y, obviamente, no hay dudas quienes son los menos aventajados. Ellos no pueden seguir mendigando sus derechos. Si no, no sé qué hacemos acá. Señoras y señores, si no hay servicio médico para discapacitado obligatorio, si no hay servicio odontológico obligatorio, entonces, no son tratados como iguales. Ojalá ustedes estén a la altura de las circunstancias porque Joaquín, pero también Nacho, Rodolfo, Brisa, Noelia y sus papás no esperan caridad sino justicia”, sentenció.