Antes de emprender el viaje fatal en su camioneta, el cantante habló con un periodista.


En la noche de su muerte, Rodrigo Bueno se trasladaba entre distintos clubs de Buenos Aires, donde realizaba sus presentaciones en vivo, según el uso de aquellos lugares donde los artistas cantan en varios escenarios en una misma noche, cosa que no es común en Córdoba.

Saliendo de un show y pensando en poner proa al siguiente, Rodrigo hizo sin saberlo ni sospecharlo, una última entrevista, con el periodista Toto Carrizo, de La Plata.

Tras la nota, el cantante y sus acompañantes se treparon a la camioneta Ford Roja, donde el cordobés y su amigo Fernando Olmedo perdieron la vida.

Justo en la puerta de un local de City Bell y apurado por regresar a la Capital Federal, Rodrigo se hizo un minuto para conversar con el periodista y dejar una frase que cobró un sentido distinto al conocerse el desenlace fatal.

La nota giraba en torno a unos dichos del cantante, que aun en la cima de su popularidad anunciaba su inminente retiro, cansado de los avatares de la industria y el negocio de los shows.

Tras aclararle a Carrizo que lo dicho había sido en broma y por una calentura pasajera, Bueno comentó “cuando yo dije que me retiraba, la gente sabía que no era cierto, que estaba cortando con todo eso para esquivar todas esas pelotudeces que se hablaron mucho tiempo, yo estoy muy contento de estar donde estoy”, exresó y no tardó en volver a bromear como buen cordobés, que sabe reírse de sí mismo: “vamos a ver si llegamos a fin de año”, comentó y apuró el paso hacia su destino fatal.




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