Cumpliendo con el servicio militar obligatorio, cayó en combate pasadas las 17 del 12 de junio del 82. Murió con su identificación, pero la tumba recién hoy llevará su nombre en Darwin...


Néstor Osvaldo Pizarro fue uno de los tres conscriptos que perdió en combate el Grupo de Artillería Aerotransportado 4 durante la guerra de las Malvinas, en 1982. La única unidad del Ejército Argentino con asiento en la provincia de Córdoba que peleó en las islas llevó 23 oficiales, 62 suboficiales y 262 soldados (la mitad, de la Clase ’62, que había sido instruida durante todo el ´81; y el resto, de la entonces recientemente incorporada ´63).

La artillería argentina, durante la guerra de las Malvinas.

De los tres caídos, Pizarro fue el único de la ´62, mientras que Jorge Romero y Eduardo Vallejo pertenecían a la ´63. Los restos de los tres yacen en el cementerio de Darwin, en las Malvinas, aunque sólo los de Romero estaban localizados o identificados; y su tumba, nombrada correctamente.

En cambio, las placas de granito negro absoluto bajo las cruces de Vallejo y Pizarro llevaban la frase “Soldado argentino sólo conocido por Dios”. Recién 37 años después del conflicto entre nuestro país y Gran Bretaña por la soberanía de las islas y gracias al acuerdo entre ambos países para identificar a 122 combatientes argentinos mediante la técnica de ADN, ambos pudieron ser localizados. La confirmación del hallazgo de los restos de Pizarro fue anunciada el lunes pasado. Pero su cuerpo había sido dejado con suficientes muestras de identidad durante la guerra…

Identificado al morir y por 37 años sin nombre

Vía Córdoba investigó sobre las circunstancias en que murió el soldado paracaidista de 19 años y oriundo de la localidad de Oliva; y cómo fueron dejados sus restos en las islas por quienes lo socorrieron al ser severamente herido durante el bombardeo aeronaval y el intenso fuego de artillería de campaña británicos del sábado 12 de junio del ’82, en la ofensiva final enemiga sobre Puerto Argentino, la capital isleña, que culminó con la rendición argentina dos días después.

Los Grupos de Artillería argentinos empleados en la guerra con obuses 105 mm fueron el 4 de Córdoba y el 3 de Paso de los Libres, Corrientes (foto de Nicolás Kasanzew).

El entonces cabo Esteban Castillo, jefe del servicio de abastecimiento de piezas de la Batería de tiro B del Grupo de Artillería 4, se encontraba próximo a Pizarro cuando éste cumplía con la peligrosa misión de transportar munición hacia los obuses Oto Melara 105 mm, que eran disparados por sus compañeros prácticamente sin pausa desde hacía muchas horas.

Recuerda Castillo, que tenía apenas unos meses más de edad que el valiente conscripto: “Pese a la orden de que se tirara cuerpo a tierra para protegerse del bombardeo al que éramos sometidos en ese momento, Pizarro seguía cumpliendo con su deber. Eran unos 100 metros que recorríamos entre el depósito de municiones y los cañones, de forma totalmente descubierta. De repente, hubo dos explosiones cerca nuestro; y apenas se despejó la tierra que levantaron, vimos que Pizarro no se incorporaba ni respondía”.

Continúa el suboficial: “Inmediatamente, cargamos a Pizarro para llevarlo al hospital de campaña de Puerto Argentino. Paré un camión Mercedes 1114 del Ejército que iba para Sapper Hill con abrigo civil para la tropa, seguramente de donaciones que habrían llegado del continente. Le ordené al soldado que conducía que nos llevara urgente al hospital. A Pizarro le costaba mucho respirar. Cuando llegamos y después de haberle practicado respiración boca a boca, fue recibido por los médicos, que hacían un gran esfuerzo en el medio de una caótica atención de heridos. Muchos eran operados en el piso, como podían”.

Castillo sigue relatando: “Me alejé por unos instantes porque me pidieron que ayudara a reconocer a otros heridos; y cuando volví, vi que le desconectaban el suero y otros elementos que desconocía. Me dijeron que no había más nada que hacer; Pizarro había fallecido por una herida en los pulmones, causada por las esquirlas de aquellos proyectiles”.

Tras el deceso del conscripto, que se había incorporado a comienzos del ´81 cumpliendo con el servicio militar obligatorio y había elegido voluntariamente ser paracaidista –por eso, estaba en el Grupo de Artillería Aerotransportado 4 cuando estalló el conflicto-, Castillo se encargó de identificar sus restos. “Tenía colocados dos rosarios y también sus chapas de identificación, a las que corté y coloqué en su boca, de acuerdo con cómo debía hacer. Tomé uno de los rosarios, quería conservarlo, y le dejé colocado el otro”. Y sobre otras pertenencias, aporta: “En su duvet (la campera verde de origen israelí con la que habían sido provistas las tropas), tenía tres paquetes de cigarrillos LM y algunas cartas.

Castillo entregó el cuerpo de Pizarro, que fue colocado dentro de una bolsa negra en el lugar donde se reunían los cadáveres, en una morgue improvisada próxima al hospital. Fue la última vez que vio sus restos, sobre los que tuvo la certeza de dejar correctamente identificados.

Soldado argentino desconocido

Finalizada la guerra, se sabe que los británicos recogieron los cuerpos de los argentinos y los enterraron primero en un sector contiguo al cementerio civil de Stanley (Puerto Argentino, para la cartografía oficial de nuestro país). Existe documentación suficiente que evidencia que, en ese lugar, decenas de cuerpos sin identificar fueron colocados en fosas comunes. Y simbólicamente, cruces en muy inferior número respecto de los cuerpos allí alojados, llevaban la frase “Unknown argentine soldier”, que en español significa “Soldado argentino desconocido”. Así, permanecieron los restos de los argentinos, al menos hasta enero de 1983. Otros, en cambio, llevaban cruces con sus nombres, aunque escritos de manera bastante improvisada.

Fosas comunes de soldados argentinos enterrados provisionalmente en la capital isleña tras la guerra de las Malvinas, antes de la construcción del cementerio de Darwin. En las cruces, puede leerse “Unknown argentine soldier” (“Soldado argentino desconocido”).

Esa fue la base sobre la que en 1983, y tras la respuesta del Estado argentino de que no repatriaría –entiéndase aquí como traslado y no como regreso a la Patria- los restos de sus combatientes, los británicos comenzaron a construir el cementerio de Darwin, a 80 kilómetros al oeste de la capital isleña.

La tarea, en primer término, fue encomendada por la Comisión de Tumbas de Guerra (responde a los gobiernos de Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica e India) a la Barker and Britts, una empresa fúnebre privada y dirigida en aquella época por Stuart Campbell.

Esa comisión primero resolvió la construcción del cementerio militar británico en las Malvinas (aunque sólo 16 de los 255 caídos británicos se encuentran en las islas y el resto fue repatriado al Reino Unido por pedido de los familiares, o sus restos quedaron en el mar, o fueron entregados al océano según la tradición marina tras una ceremonia).

Paralelamente, el Ministerio de Defensa británico sumó a la tarea al oficial Geoffrey Cardozo, quien con un grupo de subordinados y también con isleños civiles completó el traslado a Darwin de los cuerpos de soldados argentinos; de los que estaban enterrados en Puerto Argentino y de los que siguieron recogiendo por donde habían sucedido los combates.

Honores militares británicos y oficios religiosos durante entierros de soldados argentinos en el primer cementerio de Darwin. El mausoleo fue reinaugurado en 2009; y su cuidado, por ley, está a cargo de la Comisión de Familiares de Caídos en la Guerra de las Malvinas.

Indudablemente, en esos primeros meses de la posguerra y entre exhumaciones y traslados, se perdió la identidad de Pizarro, como muy probablemente ocurrió con muchos otros, cuyas tumbas, que llevaron al menos hasta comienzos de 2018 la inscripción “Soldado argentino solo conocido por Dios”, hoy poco a poco y con la evidencia científica se están terminando de nombrar.

De las 121 tumbas, con 122 restos que estaban sin identificar, hoy quedan nueve por reconocer. Aunque a ese número, también hay que agregarle otras dos tumbas en la que se presume -según el informe realizado por Cardozo- habría restos de un total de cinco combatientes, cuyos familiares esperan ahora la ampliación del acuerdo para que se las exhume y puedan conocer también la verdad.

“Habría que ver cómo trataron realmente a los cuerpos de nuestros soldados en aquellos entierros y desentierros, en los que probablemente sus identificaciones se perdieron o no las vieron, porque tal vez no las buscaron mucho tampoco”, se pregunta Castillo, quien anhela volver a las islas para arrodillarse ante la tumba de su soldado Pizarro. “Para rendirle honor, porque murió cumpliendo su deber. Y porque hasta hoy me siento culpable de no habérselo traído sano y salvo a su familia”, confiesa emocionado.

Meses después de la guerra, Castillo pudo reunirse con los padres del soldado, a quienes quiso entregar el rosario que de él conservaba. “Me abrazaron; fue uno de los momentos más importantes de mi vida. Me pidieron que me lo dejara. Porque había estado a su lado cuando murió. Y así fue”.

El cementerio de Darwin, tal como luce hoy. Allí, estará pronto identificada la tumba del soldado cordobés Néstor Pizarro, tras haberse localizado sus restos. Al menos 14 combatientes quedan por localizarse, entre los comprendidos en el acuerdo vigente entre Argentina y Gran Bretaña (faltan 9) y los que deben ser considerados en una ampliación del mismo (serían 5).






Comentarios