La columna literaria de Magdalena Giorgio

La joven escritora concordiense nos invita a compartir un hermoso relato de infancia, abuela y río.

Magdalena Giorgio
Magdalena Giorgio

DÍA 12

Lo que más extraño de mi abuela:
verla atravesar el jardín con sus piernas largas
prepararnos té
con leche a la sombra
y que el día pase sin hacer nada.

Si hago fuerza todavía
puedo verla de espalda
regando sus plantas con manguera en mano
el amor que atraviesa
las luces del cielo
y la manera imperiosa en que el viento me abraza
en las noches de verano.

*

Yo soy de ahí, de ese paisaje
cuando el río se expande tan ancho, tan ancho.
De los pies buscando arena, mis abuelos sentados
sobre la orilla. Galletitas y frutas guardadas
en el bolso color madera.
Las tardes que pasaba buscando amigos que después perdía
cuando en la ruta abierta
el sol abandonaba los cuerpos todavía calientes.

*

Nunca antes había amado a un perro.
Salgo al jardín y quiero que ella disfrute el verde,
lo trasforme en selva.
Cuando se acuesta al sol y cierra sus ojos
yo quiero ser parte de su pelo, compartir lo que nos aleja.
Viene a saludarme cuando recién despierto y espera
las caricias que no tuvo por la noche.
Dejo que el tiempo pase lento,
que encuentre la forma de decir las cosas.
Una madre podría pedirle a su hijo, nunca crezcas
​y aun así el amor avanzaría como un río embravecido.

Yo soy de ahí, de ese paisaje
cuando el río se expande tan ancho, tan ancho.
Yo soy de ahí, de ese paisaje cuando el río se expande tan ancho, tan ancho.