Matías Chiaramello tiene 33 años y su compañera Nahir Urfalian 27, ambos forman parte del Cuartel de Bomberos Voluntarios de nuestra ciudad desde hace dos años y ya guardan consigo momentos y experiencias únicas que no podrán olvidar.

La experiencia de formar parte de un equipo, de estar allí compartiendo momentos de extremas emociones, es sin duda una experiencia que enorgullece a estos carlospacenses que muestran con fragor su bella vocación de servicio. Han transitado un recorrido que los llevó a conocer pueblos muy pequeños de nuestra querida Córdoba, y además han participado en los últimos incendios del Norte cordobés, que dejaron una flora y una fauna completamente devastada, viviendas en peligro constante y el triste deceso de tres personas que intentaban colaborar con la trágica situación.

Matías reconoce el invalorable gesto de quienes aún en una situación extrema, tienen tiempo para cuidar y ayudar a los bomberos presentes: “Siempre que estamos en esos momentos de desesperación y aun cuando los pobladores están nerviosos porque el fuego alcanza las cercanías de sus viviendas tienen un momento para darnos comida, agua, y todo lo que necesitemos. Sin embargo, siempre hay que ser precavidos e intentar evitar que las personas ingresen en los campos porque no pueden tomar dimensión de lo que el fuego es capaz de hacer”.

Matías y Nahir junto con Gonzalo Vogel y Valentina Zingoni arribaron al Norte cordobés el pasado lunes y regresaron en la madrugada de este miércoles. “Cuando llegamos allá vimos un panorama desolador, había fuego por todos lados y trabajamos durante toda la noche. No dormimos porque terminábamos un trabajo y seguíamos con otro. Evacuamos el pueblo de San Pedro Norte y fue duro ver las caras de impotencia, de sufrimiento. Es doloroso porque pensás… ¿qué hacemos con tanto fuego? Pero logramos contenerlo”, relata Nahir.

No caben dudas de la inmensa labor que desarrollan, del amor que tienen por esta vocación y la inmensa lucha que emprenden en cada uno de los incendios que los tienen como protagonistas. Son verdaderas heroínas y héroes, muchas veces anónimos, pero además de estar cumpliendo con un rol tan fundamental, viven la tristeza en carne propia.

“Cuando estábamos conteniendo el fuego para que no llegara al pueblo, veíamos cómo bajaban las personas corriendo desconsolados, corriendo, animales atados que no pudimos salvar, con muchísimos nervios y los evacuamos hacia la zona de la escuela”, agrega Matías.

Los incedios se cobraron 3 víctimas fatales.

“En esos momentos el compañerismo es muy importante, siempre nos encontramos con camaradas que están desinteresadamente como nosotros, el amor por esta profesión, y estamos hasta que el cuerpo no da más, incluso 20, 30, 40 horas sin dormir, que luego ni nosotros creemos lo que pudimos hacer cuando llegamos a nuestras casas”, señaló el bombero.

El trabajo operativo de cualquier cuerpo bomberil es principalmente solidario y generoso, porque son ellos mismos quienes actúan como una cadena humana cuando están en esa línea de fuego: se conocen entre ellos, con la comunicación como premisa, funcionan como un perfecto equipo en donde todos ocupan un lugar. “Uno agarra la lanza, otro compañero está cerca, otra en la bomba, y alguno que se fija si todo va bien, atento a que ante cualquier eventualidad reaccionemos rápido. En esos momentos el miedo siempre está, pero sabemos que estamos entre nosotros, entre compañeros y que nada nos puede pasar”, dice.

Nahir nos explica que de sólo mirarse saben qué les pasa: “Es mucha la adrenalina que vivimos pero sabemos manejarla, siempre estamos coordinados trabajando con responsabilidad, cuidándonos, con precaución y con solo mirarnos nomás ya sabemos si a alguno le afectó el humo o si le pasa algo. Sabemos admitir cuándo es nuestro límite y así trabajamos en equipo mucho mejor, el apoyo en momentos donde tu vida está en riesgo, es tranquilizador”.

“Lo más doloroso es ver el sufrimiento de la gente, de años de sacrificio, cuando pierden sus casas, cuando vemos que los animales sufren y les miramos sus quemadoras. Aunque seamos profesionales, nos duelen ver estas cosas”, así concluye Nahir un relato que al igual que sus compañeros lo llevan consigo, en esa genuina revolución de emociones y acompañada por un profesionalismo que siempre es agradecido por la comunidad de Villa Carlos Paz.