Una historia que inició con un hallazgo en las Altas Cumbres, y continuó con la intervención comprometida de Mariela, y de voluntarios anónimos que aportaron desde el conocimiento y la experiencia.


“El jueves 2 de enero un turista pasa por la Oficina de Informes Turísticos de San Antonio de Arredondo y me dice que encontró un pichón desvalido, con frío, en un paraje en el camino de Los Puentes Colgantes de Copina. Le recomiendo que lo lleve a un zoo o a alguna veterinaria para que lo vea, pero insistió en bajarlo del auto para que yo lo vea. ‘Dado que es un ave de la zona lo tendrías que liberar por acá’, me dijo. Sin mucho más, me dejó el pichón en las manos y se fue”, así inicia su relato Mariela Rojas, una vecina de San Antonio de Arredondo que de inmediato, se comprometió con la causa.

En búsqueda de información, consejos, y apresurada por la demanda de alimento del pichón encontrado, Mariela inició un “mini tour” por Carlos Paz para que la asesoraran.

El instante en que fue el “vencejo de collar” llegó a las manos de Mariela.

“Por la poca experiencia que teníamos en aves nos dimos cuenta que no era con semillitas que se iba a alimentar”, dice Rojas que conmovida, decidió lleva a su casa materna.

Insistente en encontrar respuestas inmediatas, acudió a su amiga Flavia, que entiende de pájaros, hace avistajes, y hasta ha trabajado en censos de aves. Pues bien, Flavia fue la primera que le dijo: “Por el pico, es un ave rapaz que se alimenta con lombrices e insectos”, le aseguró.

Sin perder tiempo, la fotografía del pequeño ave encontrado, viajó vía WhatsApp a las manos de un biólogo que trabaja en el Museo de Zoología de la Universidad Nacional de Córdoba y en la Agencia Córdoba Turismo, se trata Walter Cejas, que desafortunadamente se encontraba de viaje en una isla del Océano Índico, y que se lamentó de estar tan lejos para poder cuidar de ese “vencejito de collar” hasta que pudiera volar.

Es que de esa especie se trata, de un vencejo cuya característica principal es que se pasa el 90 por ciento de su vida en vuelo. Pues bien, algo urgente debían hacer para alimentarlo y darle la contención necesaria.

El vencejo fue asistido de inmediato por personas desinteresadas y comprometidas.

Mientras tanto, Mariela se recorrió todo Carlos Paz y San Antonio de Arredondo buscando alimento para el pichón de vencejo: “Nada, no conseguí nada. Los veterinarios no saben cómo alimentar aves silvestres y menos, insectívoras. Mientras, el vencejito en casa era alimentado por mi mamá con pedacitos de carne cruda”, continúa su relato Mariela.

Pero pese a la distancia, Walter le brindó asistencia y contención a una mujer que ya estaba preocupada, contactándola con un guardaparque, Pablo Morales, que es especialista en aves silvestres y también es voluntario en la fundación “Refugio de Aves y Pájaros Caídos”, un grupo en donde Mariela ya había consultado a través de Facebook y desde donde le sugirieron alimentarlo con lombrices cada dos o tres horas y que tomara agua mediante una jeringa.

Alimentado por toda una familia, y usando jeringa para darle de beber.

Todo era vertiginoso, el tiempo pasaba, y durante la tarde del viernes, finalmente se pudo contactar con Pablo Morales, quien rápidamente se puso a disposición para recibir al pichón de “vencejo de collar” en guarda.

Ya era sábado por la mañana, y Mariela partió rumbo a la “Reserva Natural Urbana San Martín” de la ciudad de Córdoba, en donde Pablo ya los esperaba con ansias. Fue entonces cuando finalmente se conocieron y “desde el primer momento, se quisieron”, nos asegura Mariela.

El pichón necesitaba de un especialista que lo alimentara y le enseñara a volar. Pablo tiene la experiencia y las ganas de ayudarlo. Walter, a la distancia y con muchas ganas de estar él con el pichón, asesoró a Pablo. Yo (Mariela), después de lagrimear todo el camino hasta la reserva, lo dejé tranquila de que tomé la mejor decisión para el pichón. Ahora, a esperar ansiosa la liberación del vencejo en las Altas Cumbres”, completa su relato esta vecina, profesora, y licenciada, Mariela Rojas en diálogo con VíaCarlosPaz.

Por último, nos contactamos con el guardaparque y especialista en aves, Pablo Morales, quien nos brindó los detalles de cómo se encuentra el pequeño y afortunado vencejo en este momento.

“Brindé la ayuda de criarlo, de hacerle la primera etapa de alimentación. Y la verdad que no conozco a nadie que haya recibido o rehabilitado”, confiesa el guardaparque.

Pablo Morales recibiendo al pequeño encontrado en Copina.

“Es un ave que se mantiene muchas horas al vuelo, caza al vuelo, come insectos. Y la alimentación siempre es la clave para rehabilitar a animales silvestres con problemas. Y no siempre se encuentran suplementos del alimento especial, y en este caso, es casi imposible tener una dosis de insectos a mano para alimentarlo día a día. Ya hace tres días que lo tengo, está comiendo entre 25 y 50 gramos diarios. Esta especie es muy voraz”.

Pablo nos asegura que es la primera experiencia con este tipo de especies, por lo que resulta todo un desafío. Y estima que dentro de una semana terminaría “de formar las últimas plumas”, para luego poder ayudarlo a alzar vuelo.

Esta especie se llama vencejo de collar, vive en las Sierras Grandes, y este es el vencejo de mayor tamaño. Viven en grupos y logran cubrir grandes distancias en bandadas”, nos detalla Morales desde la ciudad de Córdoba.

Pablo se dedica de profesión y desde el compromiso desinteresado, ayuda desde su experiencia a la fauna silvestre​, con cientos de casos de animales que quedan huérfanos, golpeados, y hasta algunos baleados.

Aporto lo que puedo, tiempo, espacio, y la idea siempre es rehabilitarlos para la reinserción en su lugar acorde a donde lo marca la distribución de la especie, tratando de no intervenir en sus conductas, lo que se conoce como humanizar”, completa Pablo Morales quien, por el momento, es el cuidador oficial del ave encontrado.

Mariela dejando al pichón en buenas manos y a la espera de su pronta recuperación.

Por su parte, Mariela nos confiesa que está a la espera de que el pequeño vencejo que llegó a sus manos, producto de la casualidad, o por qué no, causalidad, esté lo suficientemente fuerte para finalmente darle el vuelo que lo devuelva de donde se perdió, las Altas Cumbres.

Así se encuentra hoy el pequeño y adorable vencejo.

Una cadena de favores, que inició con el avistamiento casual de un turista, pasó por las manos cuidadosas y comprometidas de una mujer que de inmediato obró en pos de su resguardo, y que concluyó con la intervención de esos seres anónimos que siempre están a disposición, que se perfeccionan, y entregan toda su amor desde la vocación y la responsabilidad, con sentimientos genuinos y acciones responsables.




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