Cualquiera sea el que ejerza el cargo de presidente, su elección no valida todas sus acciones o propuestas. Su límite es la Constitución. No olvides que Hitler fue elegido por elección y asumió como gobierno de coalición en el marco de la Constitución del Weimar de 1919.

La sola voluntad popular no legitima el ejercicio del poder, aunque forma parte de ella. El respeto a la Constitución implica reconocer la división de poderes, reconocimiento de los derechos constitucionalmente tutelados (propiedad, libertad ambulatoria, por ejemplo) por lo que su programa debe adecuarse a ese pacto básico de convivencia.

Por acción u omisión este gobierno no parece muy apegado al respeto de tales reglas limitantes del poder.

Y eso es lo que preocupa.

Soy personalmente escéptico de las marchas - sean las que me simpatizan con sus propuestas como las que no - pero entiendo que la ciudadanía es una condición que se perfecciona ejerciéndola.

Miles de personas se manifiestan frente al obelisco de la Ciudad de Buenos Aires EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Finalmente no creo que exigir el respeto al imperio de la ley, a los derechos preexistentes de las personas, tenga que validarse a través de una propuesta revolucionaria, salvo que entiendas revolucionario pedir la plena vigencia de nuestra Ley Fundamental.

Los ciudadanos reclaman, peticionan, exigen de todas las maneras legalmente admisibles. Por eso respeto las marchas aunque no participe en ellas. El respeto de los derechos exigen compromiso y esfuerzo y cada uno desde su lugar ejerce su ciudadanía.

Extractado de una comunicación grupal de un equipo multisectorial con gente de campo, como de la educación, como con profesionales de todos los rubros.

Este grupo está conformado con gente que se conoce hace más de 40 años, en algunos casos más de 50 años, que saben que pueden pensar en forma desigual o disentir en los mecanismos más adecuados para lograr el éxito de nuestro país, que nos resulta tan mezquino hace tantas décadas independientemente del gobierno de turno, pero que tienen en claro que quieren lo mejor para el país y que claramente se basan en la constitución nacional como único rector de la convivencia, con derechos y obligaciones.