En el contexto global, el uso eficiente de los recursos hídricos en la agricultura juega un papel clave si consideramos que el agua realmente utilizada por los cultivos asciende aproximadamente al 45% de la suministrada por el riego.

En este sentido, en el manejo del agroecosistema las opciones agronómicas estarán encaminadas a maximizar la disponibilidad de agua en el suelo para propósitos de transpiración y minimizar las pérdidas por evaporación y transpiración del suelo por parte de las plantas (malezas).

El aumento del contenido de humedad del suelo se puede lograr aumentando la capacidad de agua y la capacidad de retención de agua, así como la infiltración superficial y la reducción de la escorrentía. Estos objetivos se pueden lograr mediante la mejora y estabilización de la estructura y el aumento del espesor de la capa activa del suelo, corroborado por el correcto manejo de los residuos de cultivos.

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Una vez almacenada la reserva de agua en el suelo, las pérdidas de agua deben limitarse mediante intervenciones relacionadas con la regulación del clima, el suelo y el cultivo. En cuanto a los factores climáticos y al suelo, las intervenciones están encaminadas a reducir la evapotranspiración (E + T) y la afluencia de agua líquida a la superficie mediante:

. Hacer mantillo o cubrir el suelo con material vegetal o filamentos de plástico.

. Sombreado logrado con mallas de sombreo o mallas anti-granizo.

. Control de malezas que representan una masa vegetal transpirante que empobrece las reservas de agua del suelo.

. Trabajo de superficie realizado a una profundidad de 10-15 cm tanto en pre-siembra (rastra) como en presencia del cultivo (deshierbe) muy eficaz para eliminar las malas hierbas, reducir la ET y favorecer la infiltración del agua de lluvia.

. Mantenimiento de la reserva de carbono orgánico en el suelo.

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El carbono orgánico es un componente de la materia orgánica del suelo que constituye una pequeña porción del suelo pero juega un papel vital en la función física, química y biológica del suelo y entre múltiples funciones, contribuye a la retención y la disponibilidad de agua.

El contenido de carbono en los suelos agrícolas se puede aumentar mediante la adopción de las denominadas prácticas de manejo recomendadas (Rmp), que consisten en: labranza mínima, “labranza cero” (sin labranza ), cultivos de cobertura e insumos externos como compost y biochar (Biochar es el nombre que recibe el carbón vegetal cuando es empleado como enmienda para el suelo).