El testimonio de una mujer cubana que se salvó por minutos del derrumbe del Champlain Towers South, en Miami, resulta extraño y sorprendente. Ileana Monteagudo se despertó de madrugada, pocos minutos antes del desplome, y sintió que tenía que salir del edificio, así que lo hizo.

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“Una fuerza superior me hizo abrir los ojos y sentí un ambiente extraño en el apartamento”, contó la mujer de 64 años que residía en el sexto piso del complejo de 12 plantas que colapsó y causó al menos 18 muertos y 145 desaparecidos.

Ileana se salvó, y también su hijo que vivía con ella pero que esa noche no estaba en el edificio. Luego compartió su historia con el Nuevo Herald de Miami.

Tras un despertar extraño cerca de la 1.30 de la madrugada, Ileana se levantó a chequear la puerta del balcón que daba al mar y notó que se había salido de los rieles. Le pareció muy extraño, entonces miró hacia el techo y vio que había una grieta que nunca había estado ahí.

Este edificio se está partiendo”, pensó. Y entonces casi sin pensar corrió a su habitación, se vistió, tomó la cartera y una tarjeta de crédito, y salió, no sin antes apagar la vela que mantenía encendida en honor a la Virgen de Guadalupe.

Ya en el pasillo, Ileana esquivó el ascensor y también unas escaleras que quedan cerca de su departamento, y en su lugar bajó por otras más alejadas. Una decisión que probablemente le salvó la vida.

Monteagudo cuenta que cuando llegó al cuarto piso sintió un “estruendo ensordecedor”, y fue entonces cuando perdió su celular, que estaba usando como linterna. Pensó que el edificio iba a colapsar y ella moriría aplastada.

Quiero ver a mis hijos, a mis nietos, déjame vivir un poco más”, fue su rezo. “El miedo era llegar a los bajos y que los escombros no me dejaran abrir la puerta”, relató.

Pero finalmente logró salir, tras saltar una pared que se había desplomado, y un guardia de seguridad la ayudó a dejar el lugar.

Una vez en la calle, Monteagudo llegó hasta la casa de un amigo, sobre la misma Avenida Collins. “Me quedé igualito que cuando llegué de Cuba, sin nada, pero con 50 años más”, dijo. El departamento le había costado 600.000 dólares, que pagó hace pocos meses en efectivo.

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“Todas esas vidas perdidas.... Eso no fue un acto terrorista, fue un asesinato. Era algo que se pudo evitar”, reflexionó también la mujer.

Y cerró: “Estoy más que agradecida de esta vida. Soy una persona que, cuando tiene que ser fuerte soy la más fuerte del mundo, y cuando tengo que ser blandita, lloro por cualquier cosa”.