Con el fortalecimiento de los movimientos feministas, muchas personas, principalmente mujeres, se están atreviendo a denunciar situaciones de abuso que en algunos casos sucedieron hace años. ¿Por qué se tarda tanto?


Desde el surgimiento de movimientos como el Ni Una Menos, de los debates generados a partir de la discusión del proyecto de ley sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo en Argentina, y del crecimiento de los movimientos feministas en todo el mundo, muchas personas, incluidas varias famosas, se atrevieron a confesar situaciones de acoso y abuso sexual sufridos en el pasado

Algunas de estas denuncias tienen un factor común: ocurrieron hace años, pero hasta el momento las víctimas no habían tomado la iniciativa de denunciar, ya sea a la justicia o de manera pública. ¿Cuáles son las razones por las que se puede tardar tanto en denunciar? En una entrevista, la psicóloga Ani Kahansky, parte de la Red de Psicologxs Feministas y especialista en casos de abusos y trata, explicó algunos de los motivos.

Marcha Ni una menos en plaza de los congresos (AP).

El abusador vive con la víctima

En nuestro país, se denuncian diez violaciones por día y la mayoría de estas suceden dentro del ámbito familiar o en círculos cercanos. Eso significa que muchas veces los abusadores conviven con la víctima y denunciar genera miedo e incertidumbre sobre lo que pasará en la casa.

Miedo a obtener más maltrato

Cuando se denuncia acoso, un abuso o violación, es moneda corriente que la víctima se encuentre con que se le cuestiona la veracidad de la denuncia. Además, algunas personas se encuentran ante una nueva situación de maltrato cuando se las culpa por no haber actuado de otra manera o incluso por haberse bañado y destruido así evidencia de una violación. El miedo a enfrentarse a esas situaciones debe tomarse en serio y es muchas veces la razón por la que no se denuncia.

Marcha ni una menos de Congreso a la Plaza de Mayo convocatoria nacional por #niunamenos(WEB)

La imagen preconcebida de la violación

​Según explica Kahansky, existe una “imagen en bloque de la violación”, es decir, una idea con la que se la representa la mayoría de las personas. En esa imagen, la mujer está amenazada en inmovilizada, convertida completamente en un objeto. Cuando el relato no cuaja con esa imagen, se cuestiona: “¿Cómo fue violación si se negoció usar preservativo? ¿Cómo logró escapar después pero no logró que no la viole?”.

Al respecto, la psicóloga explica: “Si viene alguien a robarte y te dice que le des todo pero vos le pedís que por favor no se lleve los documentos, ¿alguien pondría en duda que te robaron porque lograste negociar eso? No. Pero en las violaciones sucede, si hay algún tipo de negociación, si la víctima tuvo la posibilidad de ser un sujeto activo, entonces ya no cumple con nuestra idea de víctima y se la culpabiliza”.

Se minimiza al delito y se culpa a la víctima

Una de las razones que llevan a no denunciar es que, luego de la situación de acoso o abuso, la víctima puede preguntarse, influenciada por el relato social, “si no se lo buscó”. “Las víctimas revisan una y otra vez qué hicieron o qué no hicieron frente a esta situación. Si creen que no pudieron evitarlo, se culpan por no haber podido reaccionar, pero si creen que hicieron algo, eso las vuelve ´menos víctimas´. Y en eso somos responsables como sociedad, ya que generamos esas ideas en torno a la violación”, explica Kahansky a La Nación.

Reconocer el abuso

No todas las situaciones de acoso, abuso y violación coinciden con esas “imágenes en bloque” que se suelen tener sobre ellas. Es por eso que en muchos casos ocurre que la persona abusada no cae en la cuenta del abuso en el momento, sino que lo reconoce mucho tiempo después; por ejemplo cuando lee testimonios de otras víctimas y encuentra en ellos similitud con lo que le pasó.

La deconstrucción de parámetros naturalizados y la visibilización de las violencias lleva a  que muchas personas se den cuenta de que lo que les habían hecho podía ser denunciado, y que lo hagan aunque haya pasado el tiempo.






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