Por Leonardo Farinella


Hay que ser muy burro para anular el gol de Messi. Hay que odiar al fútbol para no hacer nada al respecto. No hay excusas: la FIFA tiene que tomar cartas en el asunto y castigar duramente a los responsables de un atentado gravísimo contra el fútbol.

Messi hizo un golazo, controló con el pecho una pelota aérea con exacta precisión de tiempo y distancia, magistralmente, y por si eso fuera poco, se la tiró serenamente por encima al arquero, como tantas veces hemos visto en su fantástica carrera. Golazo. La razón de ser del fútbol. El juego en su máxima expresión. Brillante, para aplaudir de pie. El fútbol como arte, el fútbol como espectáculo que emociona.

Pero no.

Los verdugos del VAR vieron una mano vaya a saber en qué imagen. Dicen que vieron porque no hay mano y no se ve en ninguna imagen. No entienden nada. Pero que no entienden digamos que no tienen obligación de entender pero sí hay alguien responsable de otorgarle semejante poder y responsabilidad. Es grave que se hayan tomado el atrevimiento de destruir una obra de arte por nada. Ese poder que la FIFA les dio a los árbitros está en malas manos. Los que deben tener el poder en el fútbol son los jugadores, los grandes jugadores, por su talento, por su calidad, por la belleza de las acciones que hace que miles, millones de personas en el mundo quieran ver a Messi, a Cristiano, a De Bruyne y a tantos enormes jugadores que hoy son víctimas de la tiranía de hombres que evidentemente se están transformando en verdugos del fútbol.

El sólo hecho de hacer esperar para convalidar una obra de arte así es un atentado a la esencia del juego. Pero fueron por más. Se animaron a más. Hay que ponerle un freno urgente.

Acá es donde debe intervenir la FIFA. Hoy el VAR está mal utilizado y se degeneró absolutamente. El VAR debiera ayudar a que el árbitro no se mande una gran macana, para avivarlo de que fue gol y para algún fallo grosero que se comió, que no pudo ver, por tratarse finalmente de una persona en un deporte que se juega a un ritmo frenético. Sería una picardía no aprovechar las cámaras que hay hoy en los grandes partidos para ayudar a que sea más justo el arbitraje, mejor. Pero no es lo que está pasando. Se confundió el tema. Se pasaron de rosca. Hoy, en lugar de ayudar al árbitro, se escrutan las jugadas hasta el mínimo detalle para encontrar cosas que no vio nadie, una uña adelantada, una mano invisible, un resfriado que es coronavirus hasta que se demuestre lo contrario, un choque de acción de juego común y corriente ahora es penal, una barrida a la pelota que se ve que sacó la pelota es penal, cualquier jugador va al área en una pelota parada y si ve que no llega busca un forcejeo, se la juega, total, a lo mejor se saca la lotería.

El VAR está alterando la esencia del fútbol. Hoy, un árbitro es más importante que Messi. ¿Eso quiere la FIFA? ¿En serio? ¿No van a hacer nada al respecto? ¿Vamos a dejar que nos arranquen el fútbol?

Es el momento de parar la pelota. El VAR necesita imperiosamente una revisión. Hay que hacerle un VAR al VAR. Rediscutirlo. Rediseñarlo. Y volver a empezar. Así no va.


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