Las pruebas de solvencia en materia de deuda externa volverán al escenario económico/financiero de la Argentina en 2025, por lo que el Gobierno de Alberto Fernández busca poner en marcha un plan de aumento de las exportaciones que le generen al país un piso de 90.000 millones de dólares de ingreso genuino por año.

Hoy, en un escenario de pandemia y tras una década de estancamiento del comercio exterior argentino, suena ambicioso. Pero la meta no es ni más ni menos que recuperar y superar el nivel de exportaciones récord que registró el país en 2011, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Claro que el mundo ha cambiado. Una de las diferencias con aquel escenario está en torno a las cotizaciones de las principales materias primas. Por ejemplo, el precio promedio de la tonelada de soja en 2011 fue de 416 dólares y este año se ubicó en 230 dólares. Por ello, en el Gobierno aseguran que la salida está por la vía del valor agregado en origen.

Tras el chasco de Vicentin

Este objetivo recaerá en la articulación con los privados, que comenzó con 43 cámaras del agro, la industria y el software a las que el Gobierno les pidió planes de expansión y prometió ayudarlas a diversificar mercados. “Esas cámaras tienen voz y voto en el desarrollo de las políticas públicas de cara a este objetivo”, le dijo una fuente del Gobierno a este medio.

Tras el trunco intento de rescate de Vicentin, una de las principales agroexportadoras privadas de la Argentina que está en concurso preventivo, el Gobierno intenta enviar señales y revertir expectativas. Y como parte de ello, estudia impulsar un “marco de estabilidad legal que de previsibilidad” a las exportaciones, según una fuente oficial.

Esto derivará en un proyecto de ley sobre el que se está trabajando y que, por ejemplo, podría fijar un techo para los derechos de exportación que cobra el Estado. “En ningún caso habrá alícuotas superiores a las actuales”, le dijo a este medio un asesor directo del presidente Alberto Fernández. Con ello buscó despejar dudas sobre una eventual suba de retenciones a la soja y otros cultivos.

Si bien la iniciativa es elaborada bajo fuerte hermetismo, este diario pudo saber que fijaría metas de productividad a cambio de baja de alícuotas. Y además habrá herramientas de impulso a las economías regionales, con el pago de compensaciones en tiempos más cortos que los actuales.

Crecer, casi una obligación

En la gestión Fernández son conscientes de que el perfil exportador de la Argentina está encallado hace una década y que necesitan mejorarlo por varios motivos: el Banco Central no suma reservas genuinas desde marzo de 2019; el desempleo están aumentando por los efectos de la pandemia; y la performance electoral de 2021 y 2023 no será la mejor si la pobreza se estaciona en torno al 50%.

Tanto ha retrocedido Argentina en materia de comercio exterior que en los primeros seis meses del 2019 con la pandemia jugando un rol determinante y definiendo la peor crisis global en mucho tiempo, las ventas al exterior sumaron 28.249 millones de dólares, apenas 16% por debajo del promedio de 33.650,5 millones de los primeros semestres de los últimos diez años.

Una vez que pase la pandemia y se abra la frontera aérea, lo cual sigue previsto para el 1 de septiembre, comenzarán a planificarse misiones comerciales. Para aceptar el cargo de canciller el año pasado, Felipe Solá había pedido que el ministerio de Relaciones Exteriores recuperara el protagonismo en materia de comercio exterior. Allí es clave el rol que hoy tiene el tucumano Jorge Neme, secretario de Relaciones Económicas Internacionales.

Solá, Neme y el resto de los técnicos que trabajan en el armado de la estrategia exportadora ven a Asia y África como dos continentes que serán clave para el comercio exterior de la Argentina. En esos continentes están creciendo mucho las clases medias y esto está modificando la demanda, dado que son mercados que van elevando sus exigencias en materia alimenticia. Y en el Gobierno están convencidos de la capacidad de respuesta del país.

“Son dos regiones que están pasando a comer de otra manera. Hay oportunidades para los limones, la carne de cerdo, cortes bovinos congelados, para el vino y para los paquetes de tecnología en donde Argentina hace punta, como la agroindustria”, dijo una fuente diplomática con la que conversó este diario.

Este lunes hubo una reunión en Casa Rosada. Se puso en marcha el gabinete temático del Comercio Exterior. Participaron Santiago Cafiero y Cecilia Todesca Bocco; Solá; y los ministros de Agricultura, Luis Basterra; de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié; y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce.

En 15 días habrá un nuevo encuentro. Cada uno llevara responsabilidades distintas, por lo que aportará a la mesa distintas estrategias. “Hay que aumentar las exportaciones para que Argentina no vuelva a tener el clásico problema de angustia en la balanza de pagos, por lo que se escapa el tipo de cambio o aumenta el endeudamiento”, dijo Solá al salir del encuentro.

Para Solá, la Argentina necesita aumentar las exportaciones “en por lo menos 25.000 millones de dólares por año”. En 2010, las exportaciones fueron de 68.174 millones de dólares; en 2011 saltaron a 82.981 millones; en 2012 bajaron a 79.982 millones; en 2013 se redujeron a 75.963; en 2014 cayeron a 68.404 millones; en 2015, se ubicaron en 56.784 millones; en 2016, 57.909 millones; en 2017, 58.644; en 2018, 61.781; y en 2019, 65.116 millones de dólares.

Solá y sus asesores aseguran que “hay potencial” para superar en los próximos años el techo de exportaciones de 2011. Argentina tiene un sistema profesional de producción de alimentos que no se paró por la pandemia y eso ya da una ventaja, analizó una alta fuente del ministerio que conduce el ex gobernador bonaerense.