Hay algunas iniciativas experimentales. Y otros hablan de decisiones que llevarían a una recesión brutal, peor que la actual, dejando al país en riesgo de un estallido social.


La Argentina acumula doce años de alta inflación continua. Es un fenómeno que marcó el último siglo con el pico de la híper en 1989 y este actual nuevo escenario por encima del 50% anual, la tercera más alta del mundo, con un descalabro en los ingresos de los consumidores y la generación de cuatro millones de nuevos pobres en doce meses.

En los seis frentes electorales que pugnarán el domingo por la presidencia hay un consenso: todos dicen que es el mayor mal del país. Y si bien coinciden en que se necesitan cinco años como mínimo para llevar el índice por debajo del 15%, todos tienen recetas muy distintas.

Hay una vacilación transversal a la hora de explicar con seguridad cómo harían que los precios dejen de volar. Algunos proponen medidas que ya fracasaron. Otros, seguir como ahora. Hay algunas iniciativas experimentales. Y otros hablan de decisiones que llevarían a una recesión brutal, peor que la actual, dejando al país en riesgo de un estallido social.

Enfoque oficial

El Gobierno de Mauricio Macri insiste que con el plan que viene ejecutando la inflación indefectiblemente tendrá que bajar en algún momento. Esto es: tasa de interés real positiva, base monetaria congelada, enfriamiento del consumo y, también ahora, control cambiario para evitar otra devaluación, combinado con equilibrio fiscal primario.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central, considera que es una cuestión de tiempo y coherencia. “Si queremos bajar la inflación de forma sostenida no alcanza con una política monetaria estricta en un momento determinado, necesitamos implementarla de forma continua”, dijo ante la consulta.

El programa monetario de Sandleris cumplió un año el 1 de este mes. Cuando lo puso en marcha, la inflación anual era del 40,5%. Ahora es del 53,5% y llegó a un pico del 57,3% en mayo. Y esto a pesar de que el Poder Ejecutivo congeló las tarifas en abril y hasta enero del próximo año.

La óptica Fernández

En el Frente de Todos se desmarcan y aseguran que el problema inflacionario no es netamente monetario, sino multicausal. Reconocen que el déficit es un agravante y señalan el perfil bimonetario de la economía, por lo que cuando se mueve el dólar tiemblan las góndolas. Y también apuntan contra los monopolios y la falta de competencia real.

Por ello, preparan un plan distinto. Si Alberto Fernández gana las elecciones, la primera medida será la pesificación de las tarifas y los combustibles. La tasa de interés bajará al menos hasta el nivel de la inflación de ese momento. Y se impulsará una ley de góndolas para que todas las mercas estén en igualdad de condiciones de competir.

En paralelo, Fernández negocia con la UIA y la CGT un plan de contención social, una tregua, por un mínimo de seis meses. El objetivo será acordar que los precios y los salarios suban parejos un 2% mensual, con reuniones de monitoreo cada quince días. Su equipo cree que recién a partir de julio de 2020 los salarios podrían comenzar a recuperarse.

La enorme duda que hay en el mercado y entre los economistas está en lo que piensa Matías Kulfas, quien podría ser ministro de Economía. Con el mercado de deuda clausurado por el default técnico actual, “se podría financiar el déficit fiscal con fondos del Banco Central”. Eso, advierten analistas, es la desembocadura de una hiperinflación.

Los cuatro del fondo

Roberto Lavagna, de Consenso Federal, tiene ideas similares a las de Fernández. Propone un acuerdo de precios, productividad y salarios de entrada. Esto coordinado por un Consejo Económico y Social, institucionalizado. Y medidas de emergencia como tasa 0% para el IVA de los productos sensibles de la canasta básica de alimentos.

Asimismo, plantea devolución del 5% de IVA para pagos con tarjeta de débito; devolución del 15% del IVA para jubilados y beneficiarios de planes sociales; ajuste de tarifas conforme a la variación del salario y revisión de los contratos de servicios; e implementación de una Ley de Góndolas y monitoreo de la fijación de precios en las cadenas de valor para evitar distorsiones y abusos.

Además de una política fiscal monetaria equilibrada, Lavagna suma redefinición de alícuotas, deducciones y escalas que hoy rigen para el Impuesto a las Ganancias que debe alcanzar a los altos ingresos y homogeneizar el sistema para que no haya saltos entre, por ejemplo, un monotributista y un trabajador autónomo.

Para José Luis Espert, del Frente Despert, la inflación es un fenómeno netamente monetario. Asegura que hay “exceso de dinero” por la emisión acumulada durante el kirchnerismo. “Como hay demasiado dinero impreso, su valor cae y los precios de los bienes, por ende, suben”, explica. Y asegura que la salida es un fuerte ajuste fiscal, con emisión cero.

Nicolás del Caño, del Izquierda-Unidad propone la nacionalización de la banca para que el Estado monopolice el control del valor del dinero. Y Gómez Centurión, del Frente Nos, dice que hay que buscar equilibrio fiscal con un fuerte recorte del gasto público.




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