"Después de lo que viví, todo lo demás pasa a un quinto plano", aseguró la actriz.


El 10 de febrero de 2003 María Valenzuela vivió el momento más difícil de su vida: su hija, Malena, fruto de su relación con Juan Carlos Pichuqui Mendizabal, sufrió un ACV.

La joven tenía 19 años y estuvo durante semanas en estado delicado. Afortunadamente, se recuperó, pero el episodio marcó para siempre a la actriz, que durante su visita este sábado por la noche al programa PH, Podemos hablar, recordó lo sucedido.

Valenzuela contó que se encontraba acostada en su cama mirando una película, porque grababa Costumbres Argentinas temprano al día siguiente, cuando su hija se desmayó. Pensó que se trataba de un golpe de calor, pero inmediatamente se dio cuenta de que era algo mucho más grave: “La llevé a mi cuarto con aire acondicionado, pero no reaccionaba. Vomitó y se acostó encima del vómito. Ella tenía el cabello por la cintura, que era lo que más adoraba. Y eso fue lo que me dio el pensamiento de que algo malo estaba pasando: jamás se acostaría sobre su pelo. Eso me detonó”.

La llevaron en ambulancia y, a pesar del temor de que no recibieran a su hija porque tan solo tres días antes se había incorporado a una obra social, la atendieron. “Fue un día de lluvia torrencial. Vino el neurólogo y me dijo: ‘Quédese tranquila porque neurológicamente no tiene nada‘”, relató.

Maria Valenzuela pensó que se trataba de un golpe de calor, pero inmediatamente se dio cuenta de que era algo mucho más grave.

Valenzuela agregó: “Todavía lo estoy buscando… Le hicieron una angiografía, vino una doctora… Nunca me voy a olvidar de ese pasillo. Me dijo: ‘Tu hija tiene una mancha en el cerebro’. Ahí me desplomé, me caí. Llamé para avisar que no iba a grabar porque tenía que estar con mi hija en el sanatorio”.

Según su relato, cuando su hija estaba en coma farmacológica, Valenzuela pidió un lápiz y un cuaderno para anotar todo lo que quería que Malena supiera cuando despertara: “Le hice un santuario atrás de la cama. Yo anotaba, hacía dibujitos de cómo eran los aparatos, anotaba todo lo que le inyectaban… Le hacían musicoterapia, le ponían audífonos y veían con qué canciones reaccionaba o movía una mano, un dedo o algo”.

“Luego, Malena fue trasladada a Fleni y, si bien ya venía mostrando síntomas de mejora, la recuperación fue muy larga: tuvo que aprender a comer, a hablar y a caminar otra vez“, aseguró, y añadió: “Era como una bebé”. “Tenía que ‘escaparme’ para poder ir a trabajar sin que me viera ella, porque no quería que me fuera”, agregó.

Al ser consultada por Andy Kusnetzoff si este duro golpe le dejó algún aprendizaje, Valenzuela no dudó: “¿De qué me voy a preocupar después de lo que viví?: Todo lo demás pasa a un quinto plano”.






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